Argentina lanzó 4 cohetes sonda en 18 meses: qué falta para convertir los ensayos en misiones científicas

La Fuerza Aérea Argentina (FAA) lanzó dos cohetes sonda desde el CELPA II Atlántico, en Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires, como parte de la campaña Géminis.

La Fuerza Aérea Argentina (FAA) lanzó dos cohetes sonda desde el CELPA II Atlántico, en Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires, como parte de la campaña Géminis. Crédito: FAA/ Ministerio de Defensa.

Argentina completó cuatro lanzamientos experimentales de cohetes sonda desde mayo de 2025, una secuencia que culminó esta semana con los vuelos del MET 3-SO “Cástor” y el MET 4-SO “Pólux” desde Mar Chiquita. Más allá de los resultados individuales de ambos vehículos, la campaña Géminis deja un interrogante sobre el futuro del programa: si la Fuerza Aérea Argentina logra sostener estas operaciones, ¿podría transformar una capacidad de experimentación tecnológica en una plataforma para desarrollar misiones científicas, probar componentes aeroespaciales y ofrecer oportunidades de vuelo a universidades y empresas nacionales?

La campaña de lanzamientos de la Fuerza Aérea Argentina forma parte del desarrollo nacional de cohetes y sistemas de propulsión, con participación de CITEDEF. Crédito: FAA/ Ministerio de Defensa.

La posibilidad todavía no forma parte de un programa anunciado oficialmente. Sin embargo, los antecedentes de los cuatro vehículos MET permiten identificar capacidades que podrían servir como punto de partida. Desde el primer lanzamiento del Escorpio, en mayo de 2025, la Fuerza Aérea y distintos organismos del Ministerio de Defensa trabajaron sobre motores de desarrollo nacional, sistemas de telemetría, aviónica, integración de cargas útiles y procedimientos de recuperación en el mar. Los ensayos de noviembre incorporaron, además, una campaña con dos lanzamientos separados por apenas 48 horas.

Como informó Espacio Tech el 5 de noviembre, la campaña Géminis comprendió el lanzamiento nocturno del Cástor el martes 3 y el vuelo del Pólux el jueves 5. Las operaciones contaron con la participación de CITEDEF, medios de guerra electrónica, drones Búho, una aeronave Cessna 182 y unidades navales de la Armada Argentina para la recuperación de una carga útil.

El siguiente desafío excede la fabricación de un nuevo cohete. Para que la familia MET evolucione hacia un programa de investigación más amplio, será necesario demostrar que puede realizar vuelos con prestaciones conocidas, repetir operaciones bajo condiciones controladas y transportar instrumentos que respondan a objetivos científicos o tecnológicos previamente definidos. La continuidad presupuestaria y la disponibilidad de personal especializado también serán determinantes.

Cuatro cohetes, un mismo centro de lanzamiento y la posibilidad de sostener campañas regulares

La secuencia comenzó el 22 de mayo de 2025, cuando el MET 1-SO “Escorpio” permitió probar un sistema de propulsión desarrollado con participación de CITEDEF, verificar componentes de telemetría y recuperar una carga útil sobre el mar argentino. Casi seis meses después, el MET 2-SO “Crux” incorporó otro objetivo: calificar en vuelo un tubo motor que atravesaba su segundo ciclo de utilización, además de recuperar el motor y la carga experimental.

El segundo ensayo también dejó documentada una estructura de trabajo que involucró al Centro de Investigaciones Aplicadas de la Fuerza Aérea, el Área de Material Río IV, el Centro de Investigación y Desarrollo de Tecnologías Aeronáuticas (CITEA), CITEDEF y Fabricaciones Militares. Mientras unos organismos desarrollaron componentes y sistemas de telemetría, otros participaron en la fabricación de piezas, la propulsión y el apoyo a las operaciones de seguimiento.

Imagen del cohete argentino MET 1-SO «Escorpion», lanzado en 2025.

La campaña Géminis amplió esta experiencia mediante dos lanzamientos en tres días desde el mismo CELPA II Atlántico. Si bien todavía no se conocen los resultados técnicos particulares del Cástor y el Pólux, la organización de ambas operaciones aporta experiencia para una capacidad que resulta esencial en cualquier programa de cohetería: preparar vuelos sucesivos, coordinar los medios de apoyo y ejecutar las actividades de lanzamiento y recuperación dentro de ventanas operativas relativamente próximas.

Una campaña de estas características requiere mucho más que disponer de vehículos listos para despegar. También demanda infraestructura terrestre, procedimientos de seguridad, sistemas de comunicaciones, equipos capaces de seguir las trayectorias y recursos para intervenir cuando una carga útil desciende sobre el mar.

En ese aspecto, la participación de drones, aeronaves tripuladas y medios navales representa una capacidad logística que podría adquirir importancia si Argentina decide aumentar la frecuencia de sus ensayos. La recuperación permite inspeccionar componentes, estudiar posibles fallas y obtener información que no siempre puede transmitirse completamente durante el vuelo.

El interrogante es si esa estructura podrá sostener lanzamientos periódicos y no solamente campañas aisladas. Cuatro vuelos en aproximadamente 18 meses representan una secuencia experimental concreta, pero todavía no permiten hablar de una frecuencia operativa estable. Para alcanzar esa condición sería necesario conocer los costos por misión, los tiempos de preparación, la disponibilidad de motores y la capacidad de fabricar o reacondicionar componentes entre lanzamientos.

De probar motores a transportar experimentos: qué podría ofrecer la familia MET

La evolución más interesante para los cohetes sonda argentinos no necesariamente consiste en aumentar su tamaño. Otra posibilidad sería incorporar cargas útiles científicas y tecnológicas desarrolladas por instituciones externas al programa, aprovechando la infraestructura que la Fuerza Aérea está construyendo para realizar vuelos suborbitales.

Este modelo ya existe internacionalmente. El programa de cohetes sonda de la NASA permite transportar instrumentos destinados a estudiar fenómenos atmosféricos, realizar investigaciones y ensayar tecnologías antes de utilizarlas en misiones espaciales de mayor complejidad. También contempla experiencias diseñadas por estudiantes universitarios, que pueden probar componentes en condiciones de vuelo reales sin necesidad de desarrollar un satélite completo.

Para Argentina, una evolución de ese tipo podría abrir oportunidades de cooperación entre la Fuerza Aérea, universidades, organismos científicos y empresas que desarrollan sensores, sistemas electrónicos o materiales destinados a aplicaciones aeroespaciales.

La recuperación de cápsulas permitiría, por ejemplo, analizar instrumentos después del vuelo y evaluar su comportamiento frente a las vibraciones, aceleraciones y condiciones térmicas experimentadas durante el lanzamiento y el descenso. También podrían diseñarse experiencias para comprobar sistemas de adquisición de datos, comunicaciones o localización.

El cohete argentino MET 4-SO “Pólux” fue lanzado este jueves 5 desde el CELPA II Atlántico, en Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires. Crédito: FAA/ Ministerio de Defensa.

Las aplicaciones vinculadas con investigaciones atmosféricas o condiciones de microgravedad requerirían prestaciones específicas y verificables. No todos los cohetes sonda alcanzan el espacio ni ofrecen las condiciones necesarias para cualquier experimento científico. Por ese motivo, antes de proyectar misiones de mayor complejidad, sería indispensable conocer la altitud máxima, la capacidad de carga, el perfil de aceleraciones y la duración de los vuelos de la familia MET.

La Fuerza Aérea todavía no publicó esos parámetros para los lanzamientos de noviembre. Tampoco informó si el Cástor y el Pólux transportaron experimentos diferentes de los sistemas utilizados para comprobar el funcionamiento de los propios vehículos.

Espacio Tech analizó en mayo el valor de los primeros cohetes MET como bancos de prueba de tecnologías argentinas. El paso siguiente podría consistir en establecer una plataforma experimental con interfaces conocidas para las cargas útiles, parámetros de vuelo documentados y procedimientos de recuperación estandarizados.

Esto permitiría que investigadores y desarrolladores conozcan anticipadamente las condiciones que enfrentarán sus instrumentos y determinen si un vuelo suborbital resulta útil para sus proyectos.

Sin embargo, no existe hasta el momento una convocatoria oficial para transportar experimentos universitarios o comerciales en la familia MET. Se trata de una posibilidad de desarrollo tecnológico, no de un servicio que Argentina ya se encuentre en condiciones de ofrecer.

El futuro de los MET frente al desafío pendiente de contar con un lanzador orbital argentino

La continuidad de los cohetes de la Fuerza Aérea también debe analizarse dentro de un escenario más amplio: Argentina posee experiencia reconocida en el desarrollo y operación de satélites, pero continúa dependiendo de proveedores extranjeros para colocarlos en órbita.

Durante años, el programa Tronador II, impulsado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y VENG, representó el principal esfuerzo argentino para disponer de un vehículo orbital propio. Su desarrollo incluyó sistemas de propulsión, infraestructura de ensayo y vehículos experimentales, aunque nunca llegó a completar un lanzamiento orbital.

En julio, Espacio Tech informó que el Tronador permanecía detenido, sin un cronograma concreto de reactivación ni financiamiento suficiente para recuperar sus actividades. La situación contrasta con la continuidad de los ensayos suborbitales ejecutados desde Mar Chiquita, pero no significa que uno de los programas pueda reemplazar automáticamente al otro.

Los cohetes MET y el Tronador responden a objetivos tecnológicos distintos. Mientras los primeros permiten realizar pruebas suborbitales y desarrollar experiencia en lanzamiento y recuperación, un vehículo orbital necesita alcanzar velocidades mucho mayores, disponer de sistemas de propulsión y guiado adecuados, integrar etapas y garantizar la inserción de una carga útil en una órbita determinada.

Los conocimientos obtenidos mediante los MET podrían resultar útiles en algunas áreas compartidas, especialmente integración de componentes, instrumentación, telemetría y operaciones en tierra. Sin embargo, no está documentado un programa de transferencia tecnológica que vincule directamente a la familia MET con el desarrollo del Tronador.

Para la Fuerza Aérea, la alternativa más inmediata sería consolidar un programa suborbital con objetivos propios y resultados medibles. Un primer avance podría ser publicar las prestaciones alcanzadas durante la campaña Géminis y establecer qué componentes se validaron en cada vuelo. Posteriormente, podrían plantearse ensayos de mayor complejidad o experiencias con cargas útiles desarrolladas por otras instituciones, siempre que las características del vehículo lo permitan.

También quedará por determinar si la familia MET puede evolucionar hacia una configuración estandarizada o si continuará funcionando principalmente como una sucesión de modelos de evaluación tecnológica. La primera alternativa facilitaría comparar resultados entre vuelos y planificar misiones con requisitos conocidos; la segunda mantendría mayor flexibilidad para experimentar con componentes nuevos, aunque limitaría la previsibilidad necesaria para usuarios externos.

Las dos opciones pueden tener valor, pero requieren objetivos diferentes y una planificación de recursos acorde con ellos.

La campaña Géminis todavía necesita un balance técnico que permita determinar qué resultados alcanzaron individualmente el Cástor y el Pólux. Entre los datos pendientes se encuentran las prestaciones de sus motores, los parámetros de trayectoria, la identificación de las cargas recuperadas y las eventuales diferencias de configuración entre ambos vehículos.

Con cuatro lanzamientos completados desde mayo de 2025, Argentina dispone de una base reciente de experiencia en cohetería suborbital que puede seguir desarrollándose. El próximo avance no tendrá que medirse únicamente por la cantidad de cohetes lanzados, sino por las capacidades que cada vuelo permita incorporar, repetir y poner a disposición de nuevos proyectos científicos y tecnológicos. Esa evolución determinará si la familia MET continúa como una sucesión de ensayos experimentales o se convierte en una herramienta sostenida para la investigación aeroespacial argentina.

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