Buscando inteligencia extraterrestre, astrónomos detectaron una extraña señal de radio hacia un sistema planetario a 238 años luz

Un equipo de astrónomos identificó una extraña señal de radio de banda en dirección al sistema planetario K2-155, situado a unos 238 años luz de la Tierra mediante FAST, el radiotelescopio esférico de 500 metros ubicado en China.

Un equipo de astrónomos identificó una extraña señal de radio de banda en dirección al sistema planetario K2-155, situado a unos 238 años luz de la Tierra mediante FAST, el radiotelescopio esférico de 500 metros ubicado en China.

Un equipo de astrónomos identificó una extraña señal de radio de banda estrecha en dirección al sistema planetario K2-155, situado a unos 238 años luz de la Tierra. La detección apareció durante un nuevo análisis de observaciones realizadas con FAST, el radiotelescopio esférico de 500 metros ubicado en China, como parte de una búsqueda de posibles señales producidas por tecnología extraterrestre. Aunque algunas de sus características hicieron que superara los primeros filtros de selección, los investigadores advierten que la explicación más probable sigue siendo una interferencia terrestre o instrumental, y no una emisión originada en otro mundo.

Astrónomos detectaron una extraña señal de radio hacia un sistema planetario con una supertierra a 238 años luz.

El hallazgo forma parte de un estudio publicado en The Astronomical Journal que volvió a analizar observaciones de 33 sistemas con exoplanetas mediante un nuevo método que combina aprendizaje automático y técnicas de análisis de señales. El objetivo es encontrar posibles tecnofirmas, es decir, emisiones cuya naturaleza pueda indicar el uso de tecnología y que no tengan una explicación astrofísica evidente.

El sistema K2-155 resulta especialmente interesante porque su estrella, una enana roja, posee al menos tres supertierras conocidas. La más externa, K2-155 d, tiene aproximadamente 1,6 veces el radio terrestre, completa una órbita cada 40,7 días y se encuentra cerca de la zona habitable de su estrella.

¿Qué observaron los astrónomos?

La señal, denominada NBS 260108, fue detectada en una frecuencia de 1.148,4167 MHz. Durante la observación, esa frecuencia fue cambiando levemente con el tiempo, a razón de unos −0,038 Hz por segundo. Este detalle llamó la atención porque, en las Búsquedas de Inteligencia Extraterrestre (SETI), una señal muy concentrada en una frecuencia concreta puede ser compatible con una transmisión artificial. Además, si la fuente que la emite está en movimiento respecto de la Tierra —por ejemplo, por la rotación o la órbita de un planeta—, su frecuencia puede desplazarse ligeramente por efecto Doppler.

La señal alcanzó además una relación señal-ruido cercana a 15 y apareció únicamente en el haz de FAST que estaba apuntando hacia K2-155, sin detectarse simultáneamente en los otros 18 haces de su receptor. Esas características permitieron que fuera considerada un candidato que merecía un análisis más detallado, pero no permiten determinar que proceda de K2-155 ni, mucho menos, de K2-155 d.

Para llegar a esta señal, los investigadores primero tuvieron que descartar una enorme cantidad de detecciones. El sistema encontró 139.127 señales, que después fueron agrupadas y filtradas hasta quedar en 803 candidatos que merecían una revisión más detallada. Entre ellos aparecieron señales dirigidas hacia sistemas como Kepler-438 y K2-155, aunque la de Kepler-438 terminó siendo atribuida a una interferencia.

Una señal interesante, pero todavía sin explicación

En el caso de NBS 260108, un análisis posterior reveló varios indicios que debilitan considerablemente una posible explicación extraterrestre. La señal apareció con fuerza principalmente en una sola polarización, y los investigadores encontraron emisiones de características similares y próximas en frecuencia durante observaciones dirigidas hacia otras tres estrellas. Además, el entorno de frecuencias presenta estructuras repetitivas compatibles con contaminación por radiofrecuencia

En conjunto, estos elementos favorecen la hipótesis de una interferencia de origen humano o instrumental, aunque hasta ahora no se ha identificado exactamente qué sistema produjo la señal.

Por esa razón, el resultado no constituye una detección de vida extraterrestre ni evidencia de una civilización en K2-155. Su importancia está en que demuestra la capacidad de nuevas herramientas automáticas para revisar grandes volúmenes de datos y aislar señales que merecen estudios posteriores.

FAST y otros radiotelescopios pueden continuar observando sistemas planetarios de interés y comprobar si eventos similares vuelven a aparecer desde la misma posición del cielo. En búsquedas de este tipo, una señal candidata sólo adquiere verdadera relevancia si puede ser repetida, localizada con precisión y descartada frente a todas las fuentes conocidas de interferencia.

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