La Secretaría de Asuntos Nucleares y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) definieron los lineamietos para poner en marcha al nuevo Reactor Argentino Multipropósito RA-10 durante los primeros meses de 2027. Actualmente, el proyecto se encuentra en su etapa final, atravesando los ensayos previos a la puesta en marcha, y deberá luego obtener la licencia correspondiente de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN). El reactor, emplazado en el Centro Atómico Ezeiza, será una de las instalaciones nucleares más importantes desarrolladas por el país en las últimas décadas. Además de abastecer al sistema de salud argentino, el reactor se concibió para producir radioisótopos a gran escala, prestar servicios tecnológicos y generar excedentes destinados a la exportación.
La construcción está a cargo de la CNEA, con la empresa rionegrina INVAP como principal contratista en la gestión del proyecto y en servicios especializados de ingeniería. Según el Gobierno, el montaje electromecánico ya está completo en un 96%, mientras que la ingeniería y la obra civil ya están terminadas. Actualmente trabajan unas 530 personas en la finalización del montaje y en los ensayos preoperacionales que deberán verificar el correcto funcionamiento de cada sistema antes de cargar combustible y avanzar hacia la puesta en servicio.
En paralelo, el Estado anunció un esquema para incorporar capital privado en la construcción de la planta asociada donde se procesarán los materiales irradiados y se desarrollarán posteriormente las actividades productivas y comerciales.
¿Cuál es el objetivo del RA-10 y qué aplicaciones industriales tendrá?
El RA-10 será un reactor nuclear de investigación y producción de 30 MW térmicos, del tipo piscina abierta, refrigerado y moderado con agua liviana y con agua pesada utilizada como reflector de neutrones. A diferencia de las centrales nucleares de potencia como Atucha y Embalse, su objetivo no será generar electricidad, sino aprovechar los neutrones producidos por la fisión para irradiar materiales y fabricar productos de alto valor tecnológico.
Una de sus funciones principales será la producción de molibdeno-99, precursor del tecnecio-99m, un radioisótopo muy utilizado en medicina nuclear para estudios de diagnóstico por imágenes. También podrá producir lutecio-177, empleado en terapias oncológicas dirigidas, e iridio-192, utilizado tanto en tratamientos médicos como en ensayos industriales.
Según las estimaciones oficiales, la capacidad del RA-10 para producir molibdeno-99 podría cubrir alrededor del 20% de la demanda mundial, una escala que colocaría a la Argentina entre los principales proveedores internacionales.
Además del sector médico, el reactor también tendrá aplicaciones en el ecosistema eléctrico y electrónico: podrá realizar dopado de silicio por transmutación neutrónica. Se trata de un proceso en el que el silicio, material semiconductor, se irradia para modificar de manera muy uniforme sus propiedades eléctricas. Ese silicio se utiliza en componentes de alta potencia para redes eléctricas, sistemas industriales, energías renovables y transporte.
En paralelo, la instalación también ofrecerá servicios de irradiación, ensayo de materiales y análisis por activación neutrónica, una técnica capaz de identificar con gran precisión la composición química de una muestra a partir de su interacción con neutrones.
La capacidad proyectada supera la demanda interna prevista, por lo que parte de estos productos y servicios podrá destinarse al mercado internacional.
Capital privado para la planta de procesamiento
Para que la capacidad del RA-10 pueda transformarse en producción comercial será necesaria una instalación adicional destinada a procesar los blancos irradiados dentro del reactor y separar los radioisótopos obtenidos. Esa planta es indispensable porque el reactor produce el material irradiado, pero luego hace falta procesarlo para obtener los radioisótopos en condiciones aptas para su utilización médica, industrial o comercial.
Hasta ahora, el desarrollo del RA-10 fue sostenido fundamentalmente con inversión pública nacional y ejecutado por la CNEA con una participación central de capacidades tecnológicas argentinas. La propia CNEA define al proyecto como una de las mayores inversiones del Estado argentino en ciencia, tecnología e innovación y señala que más del 80% de su desarrollo corresponde a empresas e instituciones locales.
El nuevo anuncio del Gobierno introduce, sin embargo, un cambio para la etapa productiva. La financiación de la construcción de la planta asociada será a través de capital privado, que luego participará en las actividades productivas y comerciales vinculadas al reactor.
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