Satélites ópticos y radar: dos formas diferentes de observar la Tierra

Satélite europeo de observación de la Tierra Sentinel.

Satélite europeo de observación de la Tierra Sentinel.

Los satélites de observación terrestre permiten estudiar la superficie del planeta desde el espacio. Sus imágenes se utilizan para controlar cultivos, analizar incendios, seguir inundaciones, elaborar mapas, vigilar glaciares y evaluar cambios urbanos, entre muchas otras aplicaciones. Sin embargo, no todos observan de la misma manera. Algunos emplean cámaras ópticas y otros utilizan sistemas de radar.

¿Cómo funcionan los satélites ópticos?

Los satélites ópticos funcionan de forma similar a una cámara fotográfica. Emplean sensores que registran la radiación solar que refleja la superficie terrestre, tanto en luz visible como en otras regiones del espectro electromagnético, como el infrarrojo. El resultado suele ser una imagen fácil de interpretar, con colores y formas similares a las que vería una persona desde el aire.

Satélite argentino de observación óptica de la Tierra SAC-C. Estuvo desarrollado por la empresa argentina INVAP para la CONAE, y operó durante 13 años en el espacio. Se observan en la imagen las cámaras ópticas del orbitador.

Esta tecnología permite identificar rutas, edificios, campos, cursos de agua, zonas deforestadas y otros elementos del terreno. También puede distinguir características que no son visibles para el ojo humano. Por ejemplo, las bandas infrarrojas ayudan a estudiar el estado de la vegetación, la humedad del suelo o los efectos de una sequía.

Su principal limitación es que depende de la iluminación solar. Por eso, los sensores ópticos no pueden obtener imágenes convencionales durante la noche. Además, las nubes, el humo y la niebla pueden impedir o dificultar la observación de la superficie.

¿Cómo funcionan los satélites de radar?

Los satélites con radar de apertura sintética (SAR) no registran la luz reflejada por el terreno, sino que emiten pulsos de microondas hacia la Tierra y miden la señal que regresa después de rebotar sobre la superficie.

Como el radar produce su propia señal, puede funcionar tanto de día como de noche. Las microondas también pueden atravesar las nubes y, en determinadas condiciones, el humo o la vegetación. Esto convierte a los satélites SAR en herramientas especialmente útiles para observar regiones con nubosidad frecuente o para responder ante emergencias.

Satélite argentino de observación por radar de la Tierra SAOCOM. Fue desarrollado por la empresa argentina INVAP para la CONAE, y aún sigue operando en el espacio. Los paneles blancos con circunferencias doradas que se observan en la imagen son el radar de apertúra sintética (SAR).

Las imágenes de radar no muestran el terreno como una fotografía. Su apariencia depende de factores como la rugosidad, la humedad, la forma y la orientación de los objetos. Una superficie de agua tranquila, por ejemplo, suele verse oscura porque refleja la señal en otra dirección. En cambio, edificios, bosques o terrenos irregulares pueden aparecer más brillantes.

El radar también permite detectar pequeñas deformaciones del suelo mediante la comparación de imágenes tomadas en distintos momentos. Esta capacidad se utiliza para estudiar terremotos, volcanes, hundimientos, desplazamientos de glaciares y movimientos de infraestructura.

Dos sistemas distintos, que funcionan mejor complementados

Los sistemas ópticos y SAR no compiten entre sí. Las cámaras ofrecen imágenes más intuitivas y una información espectral valiosa, mientras que el radar garantiza observaciones en condiciones de oscuridad o nubosidad. Combinados, ambos permiten obtener una visión más completa y precisa de los cambios que ocurren sobre la Tierra.

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