El candidato de Trump para liderar la Fuerza Espacial respaldó un presupuesto récord de US$ 71.100 millones

El teniente general Douglas Schiess, nominado por el presidente Donald Trump para conducir la Fuerza Espacial de Estados Unidos, respaldó el plan del gobierno para elevar el presupuesto del servicio hasta los US$ 71.100 millones. La cifra representa más del doble de los recursos asignados actualmente y busca acelerar la incorporación de satélites, sistemas defensivos, infraestructura, personal y capacidades destinadas a operar en un entorno orbital muy disputado. Durante su audiencia de confirmación ante el Comité de Servicios Armados del Senado, Schiess sostuvo que el monto solicitado es el necesario para responder al rápido crecimiento de las capacidades militares espaciales de China.

El teniente general Douglas Schiess respaldó el plan del gobierno para elevar el presupuesto del servicio hasta US$ 71.100 millones.

El rol de la Fuerza Espacial y la necesidad de expandirla

La Fuerza Espacial fue creada en 2019 como la rama más nueva de las Fuerzas Armadas estadounidenses, con una estructura deliberadamente pequeña y especializada. Sin embargo, el espacio dejó de ser un ámbito de apoyo para las operaciones terrestres, aéreas y navales y pasó a ser tratado como un dominio militar propio. El punto clave es que allí pueden desarrollarse acciones de vigilancia, interferencia electrónica, protección de satélites y ataques contra sistemas orbitales.

Según Schiess, China está desplegando armas contraespaciales y redes de satélites militares a una velocidad “impresionante”. Esto “obligaría” a Estados Unidos a ampliar tanto su capacidad defensiva como sus medios para interrumpir las operaciones de posibles adversarios.

La mayor parte del incremento presupuestario estaría destinada a financiar sistemas, instalaciones, entrenamiento y equipamiento. La propuesta contempla sumar 2.800 militares, conocidos dentro de la fuerza como Guardians, y 2.000 empleados civiles. El objetivo es fortalecer la organización que opera satélites de comunicaciones, navegación, vigilancia y apoyo al lanzamiento de armas, además de proteger esas plataformas frente a interferencias, ataques informáticos y sistemas capaces de dañarlas físicamente.

La propuesta de Schiess

Uno de los principales desafíos mencionados por Schiess es la red china de inteligencia, vigilancia y selección de objetivos, una arquitectura constituída por satélites, sensores terrestres, sistemas de comunicaciones y centros de procesamiento. Su objetivo es localizar unidades militares estadounidenses, como portaaviones y bombarderos, y transmitir sus posiciones a armas de largo alcance. Según el candidato, la Fuerza Espacial necesita mantener la capacidad de impedir ese flujo de datos, mientras protege los satélites estadounidenses que permiten coordinar operaciones militares en distintas regiones del mundo.

El presupuesto también permitiría ampliar la infraestructura vinculada con la defensa antimisiles, el mando y control nuclear, los ataques de largo alcance y la detección de amenazas. Esos ejes de la Fuerza Espacial, según Schiess, deben contar con recursos para crecer “rápida y drásticamente”. Su propuesta se da dentro de un crecimiento sostenido de la fuerza: el primer jefe de Operaciones Espaciales, el general John Raymond, estuvo a cargo de establecer la nueva rama militar, mientras que su sucesor, el general Chance Saltzman, avanzó en su preparación para combatir dentro de un dominio disputado. Según Schiess, la siguiente etapa debe concentrarse en integrar las operaciones espaciales en la planificación militar general.

El candidato también estableció límites para la participación de compañías privadas en actividades militares. Estados Unidos utiliza cada vez más servicios comerciales de comunicaciones satelitales, observación terrestre, información meteorológica, seguimiento de objetos orbitales y procesamiento de datos. Estas soluciones suelen desarrollarse con mayor rapidez y a menor costo que los sistemas construidos exclusivamente por el gobierno. Sin embargo, Schiess sostuvo que las plataformas diseñadas para destruir satélites, dañar equipos o causar lesiones deben permanecer bajo propiedad y control directo de la Fuerza Espacial.

Otro punto importante: el Golden Dome

Otro punto de la audiencia fue Golden Dome, la iniciativa de defensa antimisiles impulsada por Trump. El proyecto busca desplegar escudo antimisiles sobre todo Estados Unidos, con una arquitectura formada por sensores espaciales, redes de comunicaciones, centros de procesamiento e interceptores. Schiess evitó pronunciarse sobre si el programa podría construirse a una escala menor. Sin embargo, sí afirmó que sus inversiones aportarían capacidades útiles para otras misiones. Los sistemas desarrollados para rastrear misiles, transmitir información y coordinar respuestas también podrían mejorar la vigilancia orbital y la protección de las operaciones estadounidenses en el espacio.

El Golden Dome es el escudo antimisiles que la administración de Trump quiere desarrollar para proteger Estados Unidos de amenazas aéreas.

Schiess señaló que trabajaría junto con el general Michael Guetlein, responsable de gestionar Golden Dome, y respaldó además la continuidad del modelo de adquisición de la Agencia de Desarrollo Espacial (SDA). Este organismo utiliza ciclos de desarrollo breves y compras sucesivas de satélites para desplegar constelaciones numerosas en órbita terrestre baja. En lugar de construir unas pocas plataformas grandes y costosas durante largos períodos, el modelo apuesta por colocar decenas o cientos de satélites más pequeños, renovar progresivamente su tecnología y reducir el impacto de la pérdida de una unidad individual.

La red planificada por la Agencia de Desarrollo Espacial debe proporcionar comunicaciones militares y seguimiento de misiles desde órbita baja. Aunque el Pentágono y el Congreso analizan disolverla como organización independiente, Schiess defendió sus métodos de trabajo. La Fuerza Espacial busca trasladar esas prácticas a nuevos ejecutivos de adquisición responsables de áreas completas de misión, con mayor libertad para redistribuir fondos, modificar requisitos y coordinar distintos programas. El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, propuso delegar cerca del 90% de la autoridad de contratación en esos responsables.

Otros ejes a considerar

El crecimiento previsto también deberá revertir la reducción de personal civil registrada durante el último año, que alcanzó entre el 15% de la plantilla. El Comando de Sistemas Espaciales, encargado de desarrollar y comprar gran parte de la tecnología militar orbital, intenta contratar alrededor de 100 empleados civiles por mes.

Al mismo tiempo, la fuerza está implementando un sistema que permitirá pasar con mayor facilidad entre puestos militares de tiempo completo, funciones de tiempo parcial y empleos civiles. El propósito es retener especialistas que se trasladan a la industria o necesitan modificar su disponibilidad por razones familiares.

Las guerras recientes, en particular los conflictos en Ucrania e Irán, también influyen en esta reorganización. Estas disputas demostraron la importancia de detectar drones de ataque unidireccionales y mantener las comunicaciones y la navegación por satélite bajo condiciones de intensa interferencia electrónica. La Fuerza Espacial acumuló experiencia frente al bloqueo de señales de GPS y comunicaciones satelitales, y desarrolló procedimientos para restaurar, reemplazar o redirigir esos servicios. En ese sentido, Schiess también apoyó el uso de inteligencia artificial para procesar la creciente cantidad de información empleada en el seguimiento de objetos y actividades orbitales, aunque sostuvo que las decisiones críticas deben conservar supervisión humana.

En sus respuestas escritas al Senado, Schiess advirtió además que Rusia desarrolla un sistema antisatélite basado en una nave capaz de transportar un arma nuclear. Una detonación de este tipo en el espacio podría afectar satélites de numerosos países y alterar servicios civiles y militares de comunicaciones, navegación y observación terrestre. La posibilidad de armas nucleares orbitales, las redes militares chinas y la dependencia mundial de los servicios espaciales explican por qué Washington considera que la Fuerza Espacial debe dejar atrás su etapa inicial y convertirse en una organización más grande, equipada y directamente integrada en las operaciones militares estadounidenses.

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