Estados Unidos comenzó a autorizar y concretar envíos limitados de chips Nvidia H200 a China, uno de los chips más potentes de inteligencia artificial (IA). Jeffrey Kessler, subsecretario de Comercio para Industria y Seguridad, confirmó ante el Congreso estadounidense que las exportaciones ya se iniciaron, aunque aclaró que hasta el momento “se enviaron muy pocas unidades”. La medida representa una flexibilización controlada de las restricciones que Washington aplica sobre la venta de semiconductores avanzados a empresas chinas.
El Gobierno estadounidense había modificado en enero de 2026 su política de licencias para permitir que cada solicitud de exportación del H200 se evalúe individualmente. Hasta entonces, restricciones sobre este tipo de procesadores limitaban el acceso de China a la capacidad de cómputo necesaria para entrenar modelos avanzados de inteligencia artificial.
En mayo, el Departamento de Comercio aprobó la venta de estos chips a unas diez compañías chinas, entre ellas Alibaba, Tencent, ByteDance y JD.com. Sin embargo, las operaciones se frenaron por controles regulatorios tanto en Estados Unidos como en China. Si bien las primeras entregas demuestran que ese proceso comenzó a destrabarse, todavía no existe una exportación a gran escala.
El GPU H200 de Nvidia
El H200 es una unidad de procesamiento gráfico (GPU), diseñada especialmente para centros de datos, inteligencia artificial y computación científica. A diferencia de un procesador convencional, que ejecuta una cantidad mínima de operaciones complejas de forma secuencial, una GPU puede realizar miles de cálculos en paralelo. Esta capacidad es fundamental para entrenar redes neuronales, porque estos sistemas deben procesar enormes conjuntos de datos y efectuar repetidamente operaciones matemáticas con grandes matrices.
El H200 pertenece a la arquitectura Hopper de Nvidia y cuenta con núcleos especializados denominados Tensor Cores, optimizados para este tipo de tareas. Dispone de 141 gigabytes de memoria HBM3e y un ancho de banda de 4,8 terabytes por segundo, lo le permite mover grandes volúmenes de información entre la memoria y las unidades de cálculo.
Su rendimiento máximo alcanza cuatro petaFLOPS en operaciones FP8 con dispersión, es decir, cerca de cuatro mil billones de operaciones por segundo bajo condiciones específicas. Estas capacidades permiten entrenar modelos de lenguaje, procesar imágenes, realizar simulaciones científicas y ejecutar servicios de IA generativa con mayor velocidad y con menos procesadores que generaciones anteriores.
Las licencias de Estados Unidos
Para concretar una compra, el Departamento de Comercio de Estados Unidos estableció que cada exportador de China debe demostrar que la operación no reducirá la disponibilidad de semiconductores para clientes de Estados Unidos. También exige que el comprador chino adopte procedimientos de cumplimiento, verifique a sus propios clientes y evite transferencias a usuarios no autorizados. Además, los chips deben someterse en territorio estadounidense a pruebas independientes que comprueben su rendimiento y sus condiciones de seguridad.
Entre las compañías recientemente autorizadas aparecen ZTE Kangxun Telecom, una filial del fabricante de equipos de telecomunicaciones ZTE, y la empresa de servidores Maginfra. Una subsidiaria de Kingsoft recibió, por su parte, autorización para adquirir procesadores de AMD comparables con el H200. La existencia de una licencia, sin embargo, no garantiza una entrega inmediata, porque las autoridades chinas también pueden revisar o limitar las importaciones para favorecer el desarrollo de alternativas nacionales.
Los controles estadounidenses sobre chips avanzados destinados a China se endurecieron desde 2022, bajo el argumento de que estos componentes pueden utilizarse para sistemas militares, inteligencia, vigilancia y ciberseguridad. El cambio de política generó posiciones enfrentadas dentro de Estados Unidos. Sus defensores sostienen que permitir ventas limitadas ayuda a mantener a Nvidia y AMD como estándares tecnológicos mundiales, conserva ingresos para las empresas estadounidenses y reduce los incentivos de China para reemplazarlas por fabricantes locales. Sus críticos advierten que incluso procesadores que ya no representan la generación más nueva de Nvidia pueden ampliar considerablemente la capacidad china para desarrollar modelos avanzados y aplicaciones estratégicas.
El inicio de los envíos del H200 no elimina las restricciones entre ambas potencias, sino que establece un sistema de acceso selectivo en el que cada chip, comprador y destino quedan sometidos a autorización. La magnitud final de las ventas dependerá de las licencias pendientes, de los controles de ambos países y de una competencia tecnológica que convirtió a los semiconductores en una pieza central de la relación entre Washington y Beijing.
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