El traje espacial es técnicamente la nave tripulada más pequeña que existe. Diseñado como un sistema de soporte vital autónomo y portátil, actúa como una barrera activa entre la fisonomía humana y las condiciones letales del vacío. En el espacio exterior, la ausencia absoluta de presión atmosférica, la falta de oxígeno, la radiación ionizante y las fluctuaciones térmicas extremas harían imposible la supervivencia en cuestión de segundos. Para contrarrestar estas amenazas, agencias como la NASA han desarrollado complejos sistemas integrados que regulan la presión, suministran aire respirable y blindan mecánicamente al astronauta, convirtiendo una vestimenta de ingeniería en una fortaleza de supervivencia individual.
La física de la presurización y el suministro de oxígeno
El primer desafío crítico que resuelve un traje de actividad extravehicular (conocido técnicamente como EMU o Unidad de Movilidad Extravehicular) es la contención de la presión interna. En el vacío, los gases corporales tienden a expandirse y los fluidos entrarían en ebullición a temperatura corporal si no se aplica una fuerza restrictiva. El traje soluciona esto manteniendo una presión constante de aproximadamente 4.3 psi (libras por pulgada cuadrada) de oxígeno puro. Esta atmósfera artificial es equivalente a casi un tercio de la presión a nivel del mar en la Tierra, un valor suficiente para mantener estables las funciones biológicas humanas sin rigidizar en exceso las articulaciones del traje, lo que impediría la movilidad del operario.
Para mantener este microclima respirable, el traje se conecta directamente al Sistema Primario de Soporte de Vida o PLSS (por sus siglas en inglés), una mochila de alta tecnología que purifica constantemente el flujo de aire. Este dispositivo dosifica el oxígeno directamente en el casco y, al mismo tiempo, succiona el aire exhalado por el astronauta. El gas recuperado pasa a través de cartuchos de hidróxido de litio o sistemas regenerativos de aminas que eliminan el dióxido de carbono por reacción química, evitando la intoxicación por hipercapnia mientras el ventilador interno mantiene el flujo en constante recirculación.
Termorregulación activa y el desafío de los extremos térmicos
En la órbita terrestre baja, un astronauta experimenta oscilaciones térmicas brutales en cuestión de minutos: cuando se expone directamente a la luz solar directa la temperatura puede ascender a 121 °C, mientras que en la sombra desciende drásticamente hasta los -157 °C. Para mitigar este impacto sin depender del aire (que no existe en el vacío para disipar el calor por convección), el traje incorpora la Prenda de Enfriamiento Líquido y Ventilación o LCVG. Esta es una malla interior de spandex ajustada al cuerpo que contiene tejidos más de 90 metros de tubos de plástico flexibles por los que circula agua fría de forma continua, absorbiendo directamente el calor metabólico generado por el esfuerzo físico del astronauta.
El control fino de este sistema se gestiona desde el interior del traje, permitiendo regular el paso del agua según la exigencia de la misión. Debajo de la capa exterior protectora, múltiples capas de mylar aluminizado separadas por redes de poliéster crean un aislante térmico multicapa. Este diseño funciona bajo el principio de una botella termo, bloqueando la transferencia de radiación térmica del exterior y evitando tanto la pérdida del calor corporal en la penumbra espacial como el sobrecalentamiento bajo la radiación solar directa.
Blindaje contra impactos y radiación electromagnética
El espacio exterior está poblado por partículas de polvo estelar y desechos de satélites denominados micrometeoroides, los cuales, pese a tener el tamaño de un grano de arena, viajan a velocidades que superan los 25,000 kilómetros por hora. Para proteger la integridad del sistema presurizado, la cubierta exterior del traje —llamada Prenda de Protección Térmica y contra Micrometeoroides o TMG— cuenta con capas de tejidos balísticos de alta resistencia como el Kevlar y el Nomex. Estos materiales de alto impacto fragmentan y frenan las partículas antes de que puedan perforar la vejiga de presión interna que contiene el oxígeno.
La capa más visible del traje, hecha de Ortho-Fabric, es blanca reflectante no solo por visibilidad, sino para desviar la radiación solar y la luz ultravioleta. Además, el casco cuenta con una visor con recubrimiento de oro de protección solar que actúa como un filtro óptico activo. Este escudo metálico microscópico bloquea el espectro infrarrojo y ultravioleta dañino, permitiendo que el astronauta trabaje de cara al Sol sin sufrir quemaduras oculares ni ceguera temporal, mientras mantiene canales de comunicación por radiofrecuencia estables para coordinar sus tareas con la estación base.
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