La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) realizó el 11 de julio el primer vuelo del RV-X, un vehículo experimental diseñado para desarrollar las tecnologías necesarias para la reutilización de cohetes. La prueba se llevó a cabo en el Centro de Ensayos de Cohetes de Noshiro, en la prefectura de Akita, y duró aproximadamente 40 segundos. Durante el vuelo, el vehículo alcanzó una altura de 11 metros, se desplazó 16 metros en sentido horizontal y aterrizó en posición vertical.
La altura del ensayo fue reducida, pero el objetivo no era llegar al espacio. La idea era comprobar el funcionamiento integrado de los sistemas que permiten despegar, controlar el vehículo durante el vuelo y depositarlo nuevamente sobre el terreno.
¿Qué es el RV-X?
El RV-X (Reusable Vehicle eXperiment) está desarrollado en conjunto por JAXA y Mitsubishi Heavy Industries (MHI). Se trata de una plataforma de experimentación de despegue y aterrizaje vertical (Vertical Takeoff Vertical Landing, VTVL), con la que Japón busca ensayar nuevas tecnologías para un futuro cohete reutilizable. El programa comenzó en 2016 y aprovecha motores, sistemas de control y conocimientos acumulados por Japón durante investigaciones anteriores sobre vehículos reutilizables.
Para este primer vuelo, JAXA había previsto que el vehículo subiera unos 10 metros y se trasladara 15 metros manteniendo la posición vertical y aterrizara. De esta manera, perfil programado coincidió casi por completo con esa proyección.
Además del vuelo, el proyecto busca estudiar cómo inspeccionar, mantener y preparar nuevamente un cohete después de recuperarlo. Este aspecto es indispensable para que la reutilización genere una reducción real de costos.
El demostrador mide 7,3 metros de altura y 1,8 metros de diámetro. Utiliza un motor criogénico alimentado con hidrógeno líquido y oxígeno líquido, propelentes de elevado rendimiento. El motor pertenece a la clase de cuatro toneladas de empuje y puede reducir su potencia hasta cerca del 40%. Esta capacidad es esencial para el aterrizaje, porque durante el ascenso debe generar una fuerza superior al peso del vehículo, mientras que en el descenso tiene que regularla con precisión para disminuir la velocidad antes del contacto con el suelo.
La dirección del empuje también puede modificarse para controlar la inclinación y corregir la trayectoria. Una computadora embarcada procesa la información de los sensores de navegación y actitud y ordena los ajustes necesarios para mantener la estabilidad, realizar el desplazamiento lateral y dirigirse hacia la zona de aterrizaje.
Las pruebas previas y el primer vuelo del demostrador
El RV-X también dispone de cuatro patas con sistemas de absorción de impactos para el aterrizaje. Este tren de aterrizaje ya fue ensayado previamente mediante pruebas de caída para comprobar que podía amortiguar el contacto y evitar el vuelco. Antes de este vuelo, JAXA realizó campañas de combustión, pruebas de control vectorial, ensayos de vibración y temperatura y simulaciones del funcionamiento de los sensores y la computadora.
La prueba permitió verificar la secuencia de vuelo completa, desde el encendido, el despegue vertical, la regulación del empuje, y la estabilización, hasta el desplazamiento horizontal, el descenso y el aterrizaje. Es el primer paso hacia la recuperación, y demuestra que Japón ya se encuentra trabajando con desarrollos reales y operativos para alcanzar ese objetivo.
En paralelo, JAXA pretende utilizar este tipo de pruebas para determinar qué tareas de mantenimiento son necesarias y cuánto tiempo demandaría preparar el mismo vehículo para una nueva misión.
La carrera mundial por la reutilización
Los resultados del RV-X forman parte de una estrategia más amplia para desarrollar una futura primera etapa reutilizable para los lanzadores japoneses. El siguiente escalón es CALLISTO, un demostrador desarrollado conjuntamente por JAXA, el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES) y el Centro Aeroespacial Alemán (DLR).
A diferencia del RV-X, CALLISTO está diseñado para estudiar un perfil de vuelo más exigente, con fases sin propulsión, control mediante superficies aerodinámicas, transición desde velocidades supersónicas y reencendido del motor para frenar antes del aterrizaje. La cooperación permitirá analizar tanto el comportamiento del vehículo como su mantenimiento entre vuelos y la viabilidad operativa de una etapa reutilizable.
D esta forma, este nuevo ensayo proporciona una primera validación en vuelo de los sistemas de propulsión, guiado y aterrizaje sobre los que Japón pretende construir esa capacidad.
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