La NASA analiza enviar a la Luna a PROMISE, un rover basado en modelos de ingeniería vinculados a Perseverance y Curiosity, los dos vehículos que la agencia mantiene activos en Marte. La idea todavía está en etapa de evaluación, pero apunta a aprovechar hardware ya desarrollado para acelerar la exploración del polo sur lunar. Esa región es prioritaria para la futura base lunar de la agencia porque combina interés científico, posibles recursos y condiciones extremas que deben entenderse antes de sostener operaciones humanas prolongadas.
El anuncio se presentó en el marco de una actualización del programa Moon Base, la iniciativa con la que la NASA busca construir una presencia humana sostenida cerca del polo sur de la Luna.
En paralelo, la agencia confirmó nuevos contratos con Astrobotic, Firefly Aerospace e Intuitive Machines para llevar cuatro misiones robóticas a la superficie lunar hacia fines de 2028. Esas entregas, financiadas a través del programa Commercial Lunar Payload Services, forman parte de una estrategia gradual: enviar primero instrumentos, rovers y demostradores tecnológicos para reducir riesgos antes de ampliar la presencia humana.
Un rover para la Luna
PROMISE (Polar Rover for Observation, Mapping, and In-Situ Exploration) se trata de una versión híbrida de desarrollo de ingeniería asociada a los rovers Perseverance y Curiosity. Su posible misión sería caracterizar la superficie y el subsuelo lunar, mapear el entorno y prospectar recursos.
La ventaja técnica más importante sería su sistema de energía, que al estar basado en la familia de rovers marcianos, podría operar con un generador termoeléctrico de radioisótopos. Esta “batería nuclear” convierte en electricidad el calor producido por la desintegración natural del plutonio-238. No es un reactor nuclear, sino que usa calor constante y termopares para generar electricidad. En Perseverance, este tipo de sistema entrega alrededor de 110 watts al comienzo de la misión, carga baterías internas y también aporta calor para mantener los equipos dentro de rangos seguros.
Esa capacidad es especialmente valiosa en la Luna. A diferencia de Marte, donde los días y noches son más cortos, muchas zonas lunares atraviesan largos períodos sin luz solar. En el polo sur, además, existen cráteres permanentemente sombreados que nunca reciben iluminación directa y pueden alcanzar temperaturas cercanas a -203 °C. Esos lugares son interesantes porque podrían conservar hielo de agua y otros volátiles, pero son difíciles de explorar con vehículos solares. Un rover con energía de radioisótopos podría trabajar durante la noche lunar y entrar en zonas oscuras durante más tiempo, sin depender de paneles solares ni de grandes baterías.
Un cambio operativo en la exploración estadounidense
La posible reutilización de PROMISE también muestra un cambio operativo en la exploración lunar estadounidense. La NASA no busca llegar a la Luna con una única misión emblemática, sino desplegar una secuencia de activos comerciales, científicos y tecnológicos que permitan aprender sobre el terreno.
Las nuevas misiones Commercial Lunar Payload Services (CLPS) llevarán instrumentos para estudiar cómo el polvo lunar responde al descenso de los módulos, mejorar la navegación con retroreflectores láser y medir la radiación en distintos puntos de la superficie. En ese esquema, PROMISE funcionaría como una herramienta para conocer mejor el lugar donde la NASA quiere instalar su primera base fuera de la Tierra.
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