Brasil dio un nuevo paso en su programa espacial con la firma de dos proyectos destinados a reducir su dependencia de lanzadores extranjeros, con el desarrollo de un microlanzador y motores nacionales. El anuncio se realizó durante el SpaceBR Show 2026, en São Paulo, con participación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), la Agencia Espacial Brasileña (AEB) y Finep. El objetivo es fortalecer la capacidad nacional para lanzar pequeños satélites y desarrollar sistemas de propulsión propios, dos áreas clave para cualquier país que busque acceso soberano al espacio.
Los acuerdos involucran a dos empresas brasileñas. Por un lado, CENIC Engenharia lidera el proyecto MicroLançador Brasileiro (ML-BR), orientado al desarrollo de un vehículo lanzador nacional para satélites pequeños. Por otro lado, Bizu Tecnologias Aeroespaciais e Serviços trabajará en una plataforma nacional de propulsión líquida integrada, basada en peróxido de hidrógeno, para lanzadores espaciales y sistemas de defensa.
Brasil da un paso al frente en materia espacial
El MicroLançador Brasileiro entra ahora en la integración del modelo estructural del primer vehículo lanzador de satélites desarrollado por la industria nacional. Esta fase permite verificar cómo se comporta la estructura del cohete antes de avanzar hacia versiones más completas del sistema. Para un microlanzador, el desafío es integrar estructura, propulsión, guiado, aviónica y lanzamiento con la precisión necesaria para colocar cargas útiles en órbita.
El segundo proyecto apunta a la propulsión, corazón de todo cohete. La plataforma basada en peróxido de hidrógeno busca desarrollar tecnologías nacionales para motores líquidos, incluidos sistemas como la turbobomba POSEIDON. Una turbobomba es un componente de alta complejidad que alimenta al motor con propelentes a alta presión. Sin ese sistema, un motor líquido de alto rendimiento no puede entregar el empuje necesario de manera estable y controlada. El proyecto recibirá una inversión de 26,4 millones de reales, de los cuales 25 millones provienen del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico.
El avance tiene un peso estratégico porque el acceso al espacio no depende solo de construir satélites, sino de disponer de vehículos capaces de lanzarlos, infraestructura de ensayo, empresas especializadas, cadenas de proveedores y conocimiento acumulado en propulsión, materiales y control de vuelo. Brasil persigue este objetivo desde la Missão Espacial Completa Brasileira, iniciada en la década de 1980, y ahora busca reactivar esa ambición con participación industrial más directa.
Tal vez te interese: ¿Qué es ALADA? La apuesta de Brasil para convertir el Centro de Lanzamientos de Alcântara en un polo espacial
