Un 17 de junio, pero de 2015, NASA anunciaba el final del SAC-D/Aquarius, la misión argentina que estudió el océano desde el espacio

Un 17 de junio, pero de 2015, NASA anunciaba el final del SAC-D/Aquarius, la misión argentina que estudió el océano desde el espacio.

Un 17 de junio, pero de 2015, NASA anunciaba el final del SAC-D/Aquarius, la misión argentina que estudió el océano desde el espacio. Crédito: NASA.

El 8 de junio de 2015 concluyó la misión SAC-D/Aquarius, uno de los proyectos espaciales más importantes desarrollados por la Argentina en cooperación internacional. El satélite, diseñado y construido en el país bajo la gestión de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), llevaba como instrumento principal al Aquarius de la NASA, cuyo objetivo era medir la salinidad superficial del mar. Días después, el 17 de junio, la agencia estadounidense informó oficialmente el final de las operaciones y destacó que el instrumento había cumplido sus objetivos científicos antes de que una falla dejara fuera de servicio al observatorio.

El satélite, diseñado y construido en el país bajo la gestión de la CONAE, llevaba como instrumento principal al Aquarius de la NASA, cuyo objetivo era medir la salinidad superficial del mar.

La misión se lanzó el 10 de junio de 2011 desde la Base Vandenberg, en Estados Unidos, a bordo de un cohete Delta II provisto por la NASA. El SAC-D/Aquarius fue el cuarto ejemplar de la serie SAC (Satélite de Aplicaciones Científicas) y la cuarta misión satelital de la CONAE dentro del Plan Espacial Nacional. Este orbitador representó un salto de escala por su complejidad técnica, su valor científico y la cantidad de instituciones involucradas en su desarrollo. Según gobierno argentino, el satélite permitió observar el océano, el clima y el ambiente, y generó mapas salinidad superficial del mar a nivel global, una información clave para estudiar el cambio climático.

El final de la misión se produjo por una falla en un componente esencial del sistema de potencia y control de actitud de la plataforma SAC-D. Según la NASA, las primeras evaluaciones indicaron que una unidad electrónica llamada Remote Terminal Unit (RTU) dejó de funcionar, lo que provocó la pérdida de regulación de energía y de estabilización del satélite. En una misión espacial, el control de actitud es lo que permite mantener al vehículo correctamente orientado para que sus instrumentos apunten hacia la Tierra, sus antenas se comuniquen con las estaciones terrestres y sus paneles solares reciban energía. Al perder esa capacidad, el satélite ya no podía continuar con sus observaciones científicas.

El SAC-D y su legado: una base científica inédita para la Argentina

El instrumento Aquarius fue el centro científico de la misión. Estaba compuesto por tres radiómetros pasivos de microondas en banda L y un escaterómetro activo, también en banda L, que permitía corregir el efecto de las olas sobre la medición de salinidad. El satélite operó en una órbita heliosincrónica de 657 kilómetros de altura, repitiendo una cobertura global cada siete días, y produciendo mapas de variación mensual, estacional e interanual de la salinidad oceánica. La salinidad, junto con la temperatura, influye en la densidad del agua de mar y en la circulación oceánica, por lo que es una variable central para entender el intercambio de agua dulce entre océano, atmósfera, hielos y continentes.

Arquitectura del SAC-D/Aquarius, satélite de la CONAE en cooperación con otros socios internacionales. Crédito: NASA.

Además del Aquarius, el SAC-D también llevaba instrumentos argentinos y de otros socios internacionales para medir variables ambientales complementarias. Entre ellos estaban el radiómetro de microondas MWR, útil para estudiar viento, vapor de agua, precipitaciones y hielo marino; la cámara infrarroja NIRST, orientada a detectar focos de alta temperatura y medir temperatura superficial del mar; la cámara de alta sensibilidad HSC; el sistema de colección de datos DCS y el paquete tecnológico TDP. También llevó a la sonda italiana ROSA y al instrumento francés Carmen I. La misión reunió aportes de la NASA, CONAE, Brasil, Canadá, Francia e Italia, además de organismos y empresas argentinas como INVAP, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) y Ascentio.

Aunque terminó antes de seguir ampliando su serie de datos, el SAC-D/Aquarius dejó una base científica inédita para el estudio del océano y del clima. Sus mediciones ayudaron a analizar procesos como la circulación marina, la influencia de grandes ríos sobre la salinidad, la evolución de huracanes, el comportamiento de glaciares antárticos y el derretimiento extremo registrado en Groenlandia en 2012. Para la Argentina, la misión también consolidó capacidades industriales, científicas y operativas que luego alimentaron otros desarrollos satelitales nacionales, entre ellos los vinculados a la observación de la Tierra.

Tal vez te interese: 15 años del lanzamiento del SAC-D/Aquarius, el satélite argentino que estudió los océanos desde el espacio

Salir de la versión móvil