China volvió a mostrar que pisa fuerte en la competencia espacial durante esta semana, con dos lanzamientos satelitales realizados en menos de 48 horas. El 9 de junio, la empresa LandSpace puso en órbita dos satélites con un cohete comercial Zhuque-2E Y6. Este 11 de junio, el país lanzó además un Long March-5 desde Wenchang con un nuevo satélite experimental de comunicaciones. Ambas misiones demuestran una misma tendencia: China está ampliando su capacidad de acceso al espacio, combinando lanzadores estatales pesados, empresas privadas y satélites orientados a comunicaciones, internet y servicios orbitales.
Si bien actualmente el foco de la expansión oriental está en la carrera espacial lunar contra Estados Unidos, el avance de Pekín también se mide por la cantidad de lanzamientos, la construcción de constelaciones satelitales y el desarrollo de cohetes de nueva generación. En esa competencia, EE.UU. sigue teniendo una ventaja clara por el liderazgo de SpaceX y la escala de Starlink, pero China está achicando distancia con una estrategia industrial muy amplia. El país impulsa al mismo tiempo su programa estatal, operado principalmente por la familia Long March, y un sector comercial que crece con empresas como LandSpace, CAS Space, Galactic Energy y compañías dedicadas a lanzadores reutilizables o de bajo costo.
El avance chino, impulsado por el sector comercial y estatal
El primer caso fue el Zhuque-2E Y6, lanzado el 9 de junio desde la zona piloto de innovación espacial comercial de Dongfeng, en el noroeste de China. El cohete transportó dos satélites, Spacesail DTC 01 y China Mobile 02, que se colocaron en sus órbitas previstas. La misión es importante porque combina dos áreas clave para el futuro del sector: lanzadores comerciales y conectividad satelital.
El Zhuque-2E es una versión mejorada del Zhuque-2, un cohete de dos etapas que utiliza oxígeno líquido y metano (methalox) como propelentes. LandSpace ya había logrado en 2023 un hito internacional al convertir al Zhuque-2 en el primer cohete de metano y oxígeno líquido en alcanzar la órbita, antes que competidores estadounidenses como SpaceX o Blue Origin.
El segundo lanzamiento ocurrió el 11 de junio desde el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang, en la isla de Hainan. China utilizó un Long March-5, uno de sus cohetes operativos más potentes, para colocar en órbita un nuevo satélite de prueba de tecnología de comunicaciones. Según la información oficial, la carga se utilizará para validar comunicaciones multibanda y de alta velocidad.
En paralelo, el uso del Long March-5 indica una misión de mayor escala que los lanzamientos comerciales más livianos. Este lanzador tiene capacidad para enviar grandes cargas a órbita baja o a órbitas de transferencia geoestacionaria, por eso suele estar asociado a misiones pesadas, satélites de gran porte y operaciones estratégicas del programa espacial chino.
Nuevos lanzadores, cientos de satélites en órbita y un programa lunar a toda marcha
Estos lanzamientos se suman a una secuencia reciente de alta actividad. El 1 de junio, China realizó el vuelo inaugural del Long March-12B, un cohete reutilizable de nueva generación destinado a desplegar satélites para la constelación Qianfan. El 5 de junio, otro Long March-8 envió un nuevo grupo de satélites para esa misma red comercial. Qianfan es una de las grandes apuestas chinas para construir una constelación de internet satelital capaz de competir con sistemas occidentales como Starlink. En paralelo, el país mantiene activa su estación espacial Tiangong, avanza con misiones lunares y desarrolla nuevas arquitecturas de cohetes reutilizables.
Lo más importante es la escala, puesto que China pasó de tener un programa espacial concentrado en hitos puntuales a construir una infraestructura de lanzamiento sostenida, con múltiples bases, distintos tipos de cohetes y una presencia creciente de empresas comerciales. En 2025, los lanzamientos comerciales representaron más de la mitad de las misiones espaciales del país, una señal clara de que Pekín busca convertir el espacio en un sector industrial permanente. Frente a Estados Unidos, la competencia china ya no se limita a quién llega primero a la Luna, sino que se define por quién puede poner más satélites en órbita, operar redes propias de comunicaciones, reducir costos de lanzamiento y sostener una frecuencia de misiones cada vez más alta.
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