Basura espacial sobre el sur: cuántos objetos activos pasan sobre Argentina y qué riesgos implica

Actualmente, La masa total de basura espacial que orbita el planeta asciende aproximadamente a 16.200 toneladas de material artificial.

Actualmente, La masa total de basura espacial que orbita el planeta asciende aproximadamente a 16.200 toneladas de material artificial.

El incremento de la actividad en la órbita baja terrestre ha transformado el espacio circundante en un área de alta densidad de tránsito, donde conviven herramientas tecnológicas de última generación con toneladas de desechos inactivos. En Argentina, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) monitorea de forma constante este fenómeno para evaluar la trayectoria tanto de los satélites operativos como de las piezas en desuso que cruzan el firmamento austral. Aunque el término “basura espacial” evoca imágenes de colisiones inminentes, el análisis técnico y estadístico demuestra que la situación actual, si bien demanda vigilancia estricta y sistemas de anticipación precisos, se gestiona bajo rigurosos protocolos internacionales de seguridad para mitigar cualquier probabilidad de impacto material en la superficie terrestre.

Imagen aproximativa de la evolución de la presencia satelital y basura espacial en la órbita terrestre baja.

El inventario orbital en el hemisferio sur

La masa total de objetos residuales que orbitan el planeta asciende aproximadamente a 16.200 toneladas de material artificial, un volumen que los organismos internacionales clasifican de forma rigurosa según sus dimensiones y origen. De los más de 1,2 millones de fragmentos estimados en la órbita baja terrestre, apenas unos 44.000 superan los 10 centímetros de diámetro, el límite físico actual que permite a los radares terrestres realizar un rastreo individualizado y sistemático. El resto de los desechos, que incluye desde escamas de pintura desprendidas hasta partículas de combustible sólido de misiones antiguas, solo puede ser proyectado mediante complejos modelos estadísticos debido a la imposibilidad técnica de monitorearlos en tiempo real.

A nivel global, los organismos de monitoreo estiman la existencia de más de un millón de objetos residuales de diversos tamaños orbitando el planeta, una cifra que ha crecido de manera exponencial debido al auge de las constelaciones de satélites de bajo costo. Sobre el territorio argentino y las áreas adyacentes del Atlántico Sur transitan con frecuencia diaria cientos de satélites activos dedicados a las telecomunicaciones, la observación meteorológica y la investigación científica, los cuales comparten sus trayectorias con fragmentos de cohetes, herramientas perdidas en misiones pasadas y plataformas fuera de servicio.

Científicos del ámbito local, incluyendo especialistas de universidades nacionales, destacan que en los últimos años la densidad de estos tránsitos se ha incrementado notablemente en la región austral. Este escenario ha impulsado el desarrollo de herramientas científicas multidisciplinarias capaces de catalogar con precisión milimétrica los vectores de desplazamiento de estos cuerpos inactivos, asegurando que se identifiquen con antelación aquellos vectores que presenten alguna aproximación a las órbitas de los satélites nacionales, como la serie SAOCOM.

Mitigación de riesgos en la infraestructura satelital

El verdadero peligro técnico de la basura espacial no radica en su masa total, sino en la energía cinética que acumulan estos objetos al desplazarse a velocidades promedio de 27.000 km/h. A estas magnitudes físicas, el impacto de un fragmento de apenas un centímetro equipara la fuerza de detonación de una granada, lo que podría destruir parcial o totalmente un satélite activo o, en su defecto, obligar a las agencias a realizar costosas maniobras evasivas de emergencia que consumen el limitado combustible de las naves.

Para proteger la infraestructura tecnológica que sostiene los servicios de GPS, defensa y conectividad en el país, la CONAE y entidades internacionales aplican estrategias preventivas que van desde el blindaje de componentes críticos mediante tecnologías de absorción de impactos, hasta el diseño planificado del fin de la vida útil de los dispositivos. Cuando un objeto activo culmina sus funciones, se programan maniobras de desorbitado seguro para forzar su reingreso controlado a la atmósfera, evitando que pasen a formar parte del inventario de chatarra incontrolable.

Argentina posee planes de acción para prevenir los riesgos de impacto y precipitación de la basura espacial.

Monitoreo institucional ante reingresos atmosféricos

Cuando un desecho espacial pierde altura e ingresa en las capas densas de la atmósfera, la fricción genera temperaturas extremas que desintegran la gran mayoría de los materiales ferrosos y electrónicos. No obstante, componentes estructurales de alta densidad, como los tanques de combustible de titanio o las aleaciones pesadas de los cohetes de lanzamiento, pueden sobrevivir el proceso y precipitarse hacia la superficie terrestre, tal como ha quedado registrado en antecedentes históricos de hallazgos en áreas rurales del norte y centro del país.

En el ámbito de la prevención y la alerta temprana, se destaca la puesta en marcha de MIRA (Monitoreo de Inclinación y Reingresos Atmosféricos), desarrollado por el Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Este desarrollo se consolidó como el primer sistema latinoamericano diseñado específicamente para integrar datos orbitales con modelado matemático de trayectorias, lo que permite predecir con exactitud el decaimiento de fragmentos incontrolados antes de que ingresen a la región, respondiendo a antecedentes históricos registrados en localidades como Viedma, Puerto Tirol y Armstrong.

Si los modelos indican que componentes de alta densidad, como los tanques de combustible de titanio, sobrevivirán a la fricción atmosférica, se emiten alertas preventivas a Defensa Civil, la aviación civil y las fuerzas de seguridad para asegurar el perímetro. Una vez ocurrido el impacto, y bajo los marcos jurídicos del Tratado del Espacio de la ONU, se coordina la recuperación de los materiales, garantizando que el país propietario del vector de lanzamiento asuma la responsabilidad legal correspondiente.

Ante estas eventualidades, el Estado argentino cuenta con protocolos específicos de gestión de riesgos coordinados por la CONAE, orientados a calcular las coordenadas geográficas estimadas de los reingresos. Los especialistas aclaran que la probabilidad de que estos fragmentos impacten en zonas urbanizadas es estadísticamente muy baja, dado que la mayor parte del planeta está cubierta por agua y el territorio nacional presenta extensas áreas de baja densidad poblacional; sin embargo, el seguimiento sistemático resulta indispensable para alertar a la aviación civil y preparar a las fuerzas de seguridad civil en caso de una recuperación de materiales.

Te puede interesar: ¿Por qué Argentina tiene una de las capacidades más avanzadas de América Latina para ensayar satélites en tierra?

Salir de la versión móvil