Antes del Alfa Centauro y de los primeros cohetes sonda argentinos, el país tuvo un antecedente menos conocido, el AM-1 Tábano. Fue un aeromóvil experimental desarrollado entre fines de los años 40 y comienzos de los 50 en el Instituto Aerotécnico de Córdoba, asociado al trabajo del ingeniero polaco Ricardo Dyrgalla. Se trataba de un un vehículo guiado de uso militar, pensado para lanzar desde un avión y que empleaba un motor cohete de combustible líquido.
El proyecto nació en un contexto de fuerte interés por la tecnología aeronáutica avanzada. La Argentina había creado un polo industrial en Córdoba alrededor de la Fábrica Militar de Aviones y del Instituto Aerotécnico, donde también se desarrollaron proyectos como el Pulqui I y el Pulqui II. FAdeA recuerda que esa fábrica, fundada en 1927, fue la primera de América Latina y se convirtió en un centro relevante para el diseño y producción aeronáutica regional. En ese ambiente, Dyrgalla propuso aplicar los conocimientos sobre armas guiadas y propulsión cohete que había estudiado en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
El AM-1 Tábano era un vehículo aéreo teledirigido, no tripulado, diseñado para lanzarse desde un avión. Según el trabajo académico de Pablo de León publicado en Acta Astronautica, Dyrgalla planteó el desarrollo de un “aeromóvil” de lanzamiento aéreo con un motor cohete líquido diseñado en el país, el AN-1. El programa comenzó oficialmente el 12 de agosto de 1947, a partir de una orden del Instituto Aerotécnico que creó la División Proyectos Especiales III.
Un sistema ambicioso para la época
El Tábano pesaba 300 kg, transportaba una carga útil de 36 kg y estaba construido mayormente en madera, una solución aeronáutica de bajo peso. El sistema electrónico pesaba 20 kg, usaba válvulas de vacío y actuaba sobre superficies de control por radio, diseñadas en gran parte en el país. El objetivo era que el vehículo pudiera separarse de un avión portador, encender su motor, volar con su sistema de propulsión durante una parte de la trayectoria y luego continuar planeando hacia el blanco.
El corazón del proyecto era el motor AN-1, el primer motor cohete de combustible líquido desarrollado en Argentina. Usaba ácido nítrico como oxidante y anilina como combustible. Esta combinación es hipergólica, lo que significa que al entrar en contacto, ambos compuestos reaccionan instantáneamente sin necesidad de un sistema de ignición externo. El motor entregaba alrededor de 320 a 335 kg de empuje, con un tiempo de combustión cercano a 40 segundos. La velocidad máxima era de unos 850 km/h, con un alcance planificado de hasta 60 km si se lanzaba desde unos 5.000 metros de altitud.
Ensayos y cierre del programa
Las primeras pruebas del programa se realizaron en Salinas Grandes, Córdoba, en marzo de 1950, con un prototipo planeador para verificar el sistema de radioguía. Más tarde, ese mismo año, se hizo una prueba con el motor cohete instalado. Sin embargo, tras separarse del avión Calquín que lo transportaba, el Tábano realizó una maniobra brusca que casi comprometió a la aeronave portadora. En ensayos posteriores, el vehículo habría alcanzado Mach 0,81.
El Tábano se canceló en 1951 antes de convertirse en un sistema operativo. Sin embargo, fue muy importante para el país marcó el punto de inflexión en el que la Argentina comenzó a experimentar con motores cohete, guiado, lanzamiento aéreo y vehículos no tripulados, cuando incluso esas tecnologías todavía estaban en una etapa temprana en el mundo.
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