Milei invita a “liberar” la inteligencia artificial y propone crear empresas no humanas en la Argentina

Javier Milei

El presidente Javier Milei presentó en el Financial Times una de las apuestas más disruptivas de su agenda económica y tecnológica: convertir a la Argentina en un centro global para el desarrollo de inteligencia artificial mediante baja regulación, incentivos fiscales y una nueva figura jurídica para empresas operadas por sistemas autónomos.

El estado real de la industria espacial argentina en 2026.

La columna, firmada por el propio mandatario bajo el título “Argentina invites AI to free itself”, plantea que la inteligencia artificial debe poder desarrollarse sin regulaciones prematuras que, según su visión, podrían bloquear una revolución productiva comparable con la que generó la sociedad de responsabilidad limitada en los orígenes del capitalismo moderno.

Milei parte de una comparación histórica: la creación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales en 1602 y el surgimiento de la responsabilidad limitada. Según el Presidente, esa innovación legal permitió que el capital asumiera riesgos con más fuerza y fue tan importante como la propia maquinaria para desatar la Revolución Industrial. Su tesis es que la IA necesita ahora una innovación legal equivalente.

El eje de la propuesta es que las empresas basadas en nuevas tecnologías, en especial agentes de inteligencia artificial capaces de operar de manera autónoma, requieren una arquitectura jurídica propia. Para Milei, si el derecho no acompaña el salto tecnológico, la Argentina y el mundo corren el riesgo de frenar una nueva etapa de productividad.

En ese marco, el Presidente afirmó que su gobierno envió al Congreso un proyecto de ley para establecer un marco legal específico para el despliegue de inteligencia artificial. La iniciativa se apoyaría en tres pilares: mantener a la IA libre de regulaciones prematuras, crear una nueva categoría societaria denominada “corporación no humana” y ofrecer un entorno fiscal competitivo.

El primer punto es ideológico y regulatorio. Milei sostuvo que la inteligencia artificial debe quedar libre de “la mano mortal” de una regulación temprana y mal comprendida. En su lectura, regular antes de entender plenamente la tecnología implicaría repetir errores que pueden desalentar inversión, experimentación y desarrollo.

El segundo punto es el más novedoso: la creación de una figura jurídica para corporaciones no humanas. Según la descripción del Presidente, se trataría de entidades operadas por agentes de IA o robots, capaces de tomar decisiones en entornos impredecibles. Estas entidades podrían funcionar con responsabilidad limitada, del mismo modo que las sociedades tradicionales protegen a sus accionistas frente a determinados riesgos empresariales.

Milei argumenta que la responsabilidad limitada no sería un privilegio para este tipo de entidades, sino una condición necesaria para su existencia. Su razonamiento es que, si los agentes de inteligencia artificial deben actuar con autonomía real, también van a generar riesgos. Sin una estructura legal que limite y ordene esos riesgos, difícilmente haya capital dispuesto a financiarlos a escala.

La propuesta habilitaría participación de accionistas humanos, aunque no la exigiría necesariamente. Ese punto abre una discusión inédita para el derecho societario argentino: cómo regular entidades cuya operación cotidiana no dependa de directores humanos tradicionales, sino de sistemas autónomos, algoritmos o robots capaces de ejecutar tareas comerciales.

El tercer pilar es fiscal. Milei planteó que estas corporaciones tendrían una baja tasa de impuesto corporativo y que los accionistas podrían elegir el régimen de gobierno corporativo aplicable. Al mismo tiempo, aclaró que los beneficiarios finales deberían ser identificados, para evitar que la Argentina sea utilizada como refugio de capital ilícito.

La columna funciona también como una invitación explícita a empresas, inversores y emprendedores tecnológicos. Milei sostiene que la Argentina está “abierta para los negocios” y que busca ofrecer el entorno legal y fiscal más atractivo para las compañías de inteligencia artificial que definirán el siglo XXI.

En ese punto, el Presidente intenta conectar la propuesta tecnológica con el relato económico general de su administración. En el artículo, menciona la baja de la inflación, el superávit fiscal, la desregulación y la recuperación de una trayectoria de crecimiento luego de años de estancamiento. También destaca el potencial de energía y minería, dos sectores que el Gobierno considera clave para atraer inversiones de gran escala.

La apuesta de fondo es posicionar a Buenos Aires como un nuevo centro de experimentación legal para la inteligencia artificial. Milei lo formula con una analogía histórica: que la capital argentina pueda convertirse para la IA en lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación y el comercio global.

La iniciativa también debe leerse en el contexto de la competencia internacional por atraer empresas de inteligencia artificial. Mientras Estados Unidos, la Unión Europea y otras potencias discuten esquemas regulatorios cada vez más complejos, el Gobierno argentino busca diferenciarse ofreciendo menor carga regulatoria, flexibilidad jurídica y un marco fiscal favorable.

Ese enfoque puede resultar atractivo para sectores libertarios, tecnólogos, capital de riesgo y empresarios que ven con preocupación la regulación temprana de la IA. Pero también abre interrogantes. La creación de sociedades operadas por agentes no humanos plantea desafíos sobre responsabilidad civil, control estatal, prevención de fraude, protección de datos, seguridad, transparencia algorítmica, derechos laborales, defensa del consumidor y supervisión de actividades de alto riesgo.

El propio argumento de Milei reconoce que estas entidades pueden actuar en ambientes impredecibles y producir riesgos reales. La discusión será si la responsabilidad limitada alcanza para ordenar esos riesgos o si, por el contrario, se necesitan mecanismos adicionales de control, auditoría y trazabilidad.

También habrá una discusión política en el Congreso. El envío de un proyecto de ley no equivale a aprobación. El Gobierno deberá transformar una idea de alto impacto internacional en un texto legislativo concreto, capaz de ser debatido por diputados y senadores, con definiciones precisas sobre qué puede hacer una corporación no humana, quién responde ante daños y qué límites existirán para su actividad.

Argentina 2035: un estudio advierte que el país necesita una estrategia nacional de Inteligencia Artificial para no quedar rezagado en la región

El artículo muestra, en cualquier caso, que Milei quiere instalar la discusión más allá del plano local. No se trata solo de una reforma societaria interna, sino de una señal hacia el mercado global: la Argentina busca competir por el capital y el talento de la inteligencia artificial ofreciendo una combinación de baja regulación, responsabilidad limitada y ventajas fiscales.

El riesgo para el Gobierno es que la propuesta sea leída como una desregulación extrema en un campo donde todavía existen fuertes incertidumbres técnicas, éticas y jurídicas. La oportunidad, en cambio, es que la Argentina logre ubicarse temprano en una discusión que muchas economías aún no resolvieron: cómo adaptar el derecho empresarial a un mundo donde los agentes artificiales pueden operar, contratar, decidir y ejecutar negocios.

De esta manera, Milei intenta convertir la inteligencia artificial en una nueva frontera de su programa económico. La columna no solo promociona una ley: presenta una visión de país. En esa visión, la Argentina no busca regular la IA desde el miedo, sino atraerla desde la libertad jurídica, la competencia fiscal y la promesa de convertirse en un laboratorio institucional para la próxima revolución productiva.

Te puede interesar: Argentina avanza en la incorporación de inteligencia artificial de uso dual para modernizar sus Fuerzas Armadas

Salir de la versión móvil