Este 1 de junio, China llevó a cabo con éxito el lanzamiento inaugural de su nuevo cohete reutilizable, el Long March 12B. El despegue se llevó a cabo desde la Zona de Pruebas de Innovación Aeroespacial Comercial de Dongfeng, ubicada en el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el desierto de Gobi. La Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial (CASC) confirmó la misión apenas una hora después, demostrando la madurez operativa de su infraestructura comercial. El objetivo de este lanzamiento, más allá de comprobar el funcionamiento correcto del cohete, era la inyección en órbita de satélites de la megaconstelación Qianfan, probando la operatividad de carga del Long March.
La comunidad espacial anunció a este lanzamiento como “sorpresa”, porque no estuvo previamente anunciado. El despegue no sólo marca un hito en la ingeniería de propulsión del país asiático, sino que consolida su capacidad logística para misiones de despliegue masivo en la órbita terrestre baja (LEO). La ausencia de avisos marítimos y aéreos previos, una práctica estándar internacional para alertar a embarcaciones y aeronaves sobre trayectorias de vuelo, sugiere un nivel de confianza técnica disruptivo y un hermetismo que enciende los radares del monitoreo global.
Despliegue operativo y la megaconstelación Qianfan
La misión principal del Long March 12B en su debut no se limitó a un vuelo de prueba, sino que integró la inyección en órbita de cargas útiles completamente operativas. Los reportes de la CASC confirmaron que el vehículo transportó un lote de satélites destinados a robustecer la megaconstelación de banda ancha Qianfan (Mil Velas), una iniciativa de conectividad global liderada por Shanghái. Aunque el contratista estatal no especificó de inmediato el número exacto de unidades a bordo, las proyecciones indican que si se mantuvo el estándar de 18 satélites por lanzamiento, la red Qianfan habría alcanzado ya las 180 plataformas activas en el espacio.
Arquitectura de propulsión y especificaciones del vector
Desde el punto de vista técnico, el Long March 12B se presenta como una imponente estructura de dos etapas con un núcleo de 4,37 metros de diámetro y una longitud total aproximada de 72 metros. La potencia de su primera etapa se fundamenta en un conjunto de nueve motores de queroseno y oxígeno líquido YF-102R, diseñados específicamente para el mercado comercial y con antecedentes de uso en vectores como el Tianlong-2 de Space Pioneer. Por su parte, la segunda etapa opera con una variante optimizada para el vacío denominada YF-102RV. Esta configuración le otorga una capacidad de carga declarada de hasta 20.000 kilogramos en órbita terrestre baja (LEO).
Es fundamental destacar que la cifra de 20 toneladas métricas de capacidad máxima probablemente corresponda a un perfil de misión donde la energía de la primera etapa se agota por completo, en lugar de reservarse para un retorno controlado. De hecho, la CASC detalló que en este primer vuelo no se intentó recuperar la sección inferior, postergando dicha evaluación para fases avanzadas del programa. Los ingenieros chinos buscan estabilizar primero el comportamiento dinámico del fuselaje antes de someterlo al estrés del frenado retropropulsivo en el reingreso atmosférico.
El desafío de la reutilización y el espejo del Falcon 9
El diseño del Long March 12B está orientado explícitamente a reducir los costos logísticos del acceso al espacio y dotar a China de una alternativa similar al Falcon 9 de la compañía estadounidense SpaceX. Con sus 20.000 kg de carga útil, este nuevo cohete se aproxima al rendimiento del Long March 5, el lanzador activo más potente del país, capaz de situar 25.000 kg en LEO. Sin embargo, la ventaja competitiva radica en el factor económico de la reutilización, un terreno donde la industria aeroespacial china aún tiene desafíos urgentes por resolver.
Hasta la fecha de este lanzamiento, que representó la misión orbital número 35 de China en lo que va de 2026, los esfuerzos de recuperación de primeras etapas han sido complejos. Intentos previos realizados con los vectores Long March 12A y Zhuque-3, de la firma Landspace, lograron alcanzar la órbita estipulada, pero sus maniobras de descenso y guiado fallaron antes de concretar el aterrizaje vertical. Dominar la recuperabilidad sigue siendo el cuello de botella técnico para los consorcios estatales y privados chinos.
Impacto geopolítico y la infraestructura espacial del futuro
El debut del Long March 12B, que se suma a la introducción del Long March 12A en diciembre de 2025, marca el inicio de una oleada de nuevos sistemas de lanzamiento reutilizables que entrarán en operaciones en los próximos meses. Lo relevante de este despliegue es que la plataforma de lanzamiento empleada en el desierto de Gobi es la primera instalación dedicada a la investigación, prueba y lanzamiento construida íntegramente bajo la dirección comercial de la CASC. Esto demuestra una separación de las infraestructuras estrictamente militares para dar paso a un ritmo de lanzamientos netamente comercial e industrial.
La estrategia aeroespacial de China contempla el uso de estos vehículos de gran tonelaje no solo para la consolidación de redes de internet satelital, sino como la base de sus ambiciones tripuladas. Los planes a mediano plazo incluyen el transporte de tripulaciones para infraestructuras lunares permanentes y misiones complejas de exploración profunda. Al flexibilizar los costos de lanzamiento mediante la reutilización, Beijing cimienta su posición en la nueva carrera por el control tecnológico y económico del espacio exterior.
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