Argentina, Colombia y España avanzaron en una cooperación técnica orientada al monitoreo y la gestión sostenible de los suelos. La iniciativa reunió a especialistas de los tres países en una visita técnica realizada en Argentina, con actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el centro-norte de Entre Ríos. El objetivo fue compartir metodologías, experiencias de campo y prácticas de largo plazo para enfrentar la degradación de tierras y mejorar la toma de decisiones ambientales y productivas.
El intercambio se desarrolló en el marco del proyecto “Monitoreo y seguimiento de la degradación de suelos y la desertificación en Colombia y Argentina, con el apoyo técnico de España para contribuir con la seguridad alimentaria en un contexto de postpandemia”. En Argentina, el trabajo tuvo como referencia técnica al INTA Paraná y se vinculó con la implementación de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.
El objetivo principal del proyecto es fortalecer capacidades nacionales y regionales para medir, interpretar y gestionar procesos de degradación. En este contexto, monitorear el suelo no significa solo observar si hay erosión visible. Implica reunir datos físicos, químicos, biológicos y territoriales para entender cómo cambia la capacidad del suelo para producir alimentos, sostener biodiversidad, almacenar carbono, regular el agua y mantener servicios ecosistémicos.
El problema internacional de la degradación de suelos
La degradación de tierras puede originarse por procesos naturales y por actividades humanas. En Argentina, los fenómenos más relevantes incluyen erosión hídrica y eólica, pérdida de materia orgánica, deterioro de la estructura del suelo, salinización, pérdida de biodiversidad y reducción de la cobertura vegetal. Cuando estos procesos ocurren en tierras secas, se habla de desertificación. Según información oficial, las tierras secas ocupan cerca del 70% del territorio nacional y la degradación afecta de forma directa o indirecta a poblaciones rurales y urbanas.
Durante la visita técnica, los especialistas recorrieron dispositivos experimentales de largo plazo del INTA, entre ellos parcelas de escorrentía con más de 50 años de registros, ensayos de cultivos de cobertura y sitios piloto donde se evalúan prácticas de conservación y restauración de suelos. Estos ensayos permiten medir cómo responde el suelo frente al manejo agrícola, la lluvia, la erosión, la cobertura vegetal y las prácticas de conservación. La importancia está en la continuidad puesto que los datos acumulados durante décadas permiten distinguir tendencias reales de variaciones puntuales.
El recorrido incluyó la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Paraná, la cuenca del Arroyo Estacas —sitio piloto del Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación en el departamento La Paz— y el área de conservación de suelos obligatoria de la Aldea Santa María. También participaron productores y cooperativas locales, un punto clave porque la gestión sostenible del suelo necesita aplicación territorial, seguimiento y adaptación a las condiciones productivas de cada zona.
El proyecto también trabaja con información espacial, cartografía e indicadores bajo el marco FPEIR, que organiza el análisis en fuerzas motrices, presión, estado, impacto y respuesta. Este enfoque primero identifica qué factores impulsan la degradación, luego mide qué presiones actúan sobre el territorio, evalúa el estado del suelo, estima impactos y finalmente define respuestas de gestión. Además, contempla la validación de Prácticas de Manejo Sostenible de Tierras, como cultivos de cobertura, conservación de materia orgánica, restauración de áreas degradadas y manejo compatible con la producción.
Una cooperación agropecuaria triangular
Para Colombia, el intercambio fue relevante por la posibilidad de vincular las experiencias argentinas con áreas de gestión de su propio territorio. Representantes del IDEAM y del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia destacaron el valor del Observatorio argentino como referencia para actualizar el Plan de Acción Nacional y avanzar en metas de Neutralidad en la Degradación de las Tierras. Esa meta, promovida en el marco internacional, apunta a equilibrar las pérdidas de tierras productivas con acciones de recuperación, restauración y manejo sostenible.
La cooperación triangular fue impulsada por la Unión Europea, la GIZ y la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, con participación de organismos técnicos de Argentina y Colombia y acompañamiento científico de España. En este intercambio, Argentina aporta experiencia de monitoreo de largo plazo y ensayos territoriales, Colombia suma necesidades de gestión en áreas afectadas por erosión y desertificación, y España contribuye con apoyo técnico y científico.
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