La industria de la energía nuclear en Argentina atraviesa un cambio de paradigma histórico. Tras décadas de apostar por megacentrales estatales, el ecosistema global demanda estructuras más ágiles, compactas y financiadas por capitales privados. Argentina actualmente posee tres centrales nucleares:Atucha I y II y Embalse, pero la apuesta tecnológica actual reside en la construcción e inversión de modelos más funcionales, como los SMR (Small Module Reactor). En una entrevista exclusiva con Espacio Tech, Julián Gadano, ex subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, desmitificó los proyectos locales más comentados. El experto analiza el estado potencial de Argentina en el mercado de los SMR, el verdadero estado delCAREM, el éxito del reactorRA-10 y el nuevo mapa geopolítico del sector.
¿Tiene Argentina competencias para liderar el mercado de los reactores modulares pequeños (SMR)?
Los SMR son reactores nucleares de potencia que generan hasta 300 MWe por módulo, aproximadamente un tercio de la capacidad de una central tradicional. Su diseño compacto permite fabricar los componentes principales en serie dentro de una planta industrial centralizada. Esto reduce drásticamente los tiempos de obra civil en el sitio de emplazamiento. La función principal de los SMR es la generación de energía eléctrica de base limpia, pero su verdadero valor radica en su versatilidad. Al ocupar una superficie muy reducida y no depender de grandes fuentes de agua, pueden instalarse en zonas remotas o integrarse directamente en redes eléctricas pequeñas y aisladas. Esto los vuelve ideales para reemplazar viejas centrales de carbón o diésel, reduciendo la huella de carbono de forma drástica.
Además de producir electricidad, estos reactores son herramientas clave para la descarbonización de la industria pesada gracias a su cogeneración de calor de alta temperatura. El calor de proceso generado se puede derivar directamente para la producción de hidrógeno verde, la refinación petroquímica y la fabricación de acero y cemento. Estas actividades industriales actualmente dependen de combustibles fósiles porque requieren temperaturas que las energías renovables tradicionales no pueden alcanzar.
Por último, los SMR presentan una solución eficiente para el suministro de agua y la infraestructura urbana crítica. Su energía térmica residual puede alimentar plantas de desalinización de agua de mar a gran escala en regiones con estrés hídrico extremo. Asimismo, su diseño compacto permite ubicarlos cerca de grandes centros de datos o complejos industriales mineros, garantizando un suministro eléctrico ininterrumpido y libre de emisiones las 24 horas del año.
La ventaja comparativa de Argentina con los SMR
A nivel internacional, la carrera por los SMR está impulsada por el capital privado y la demanda de los gigantes tecnológicos para alimentar sus centros de datos de inteligencia artificial, destacando proyectos como el BWRX-300 de GE Hitachi, en construcción en Canadá, o los micro-reactores rápidos de Oklo, de Estados Unidos. En este escenario global de vanguardia, Argentina busca competir a través de INVAP con su diseño ACR-300, un reactor de agua liviana presurizada de 300 MWe de potencia comercial. A diferencia de los prototipos históricos de laboratorio, la estrategia nacional con el diseño de la empresa rionegrina apunta a construir un complejo modular para validar la tecnología localmente y exportar esta ingeniería nativa al mercado global.
Según Gadano, el país posee una ventaja competitiva innegable gracias a su prestigiosa trayectoria científica. La ingeniería nuclear nativa coloca a la Argentina en un escalón por encima de la mayoría de los países de la región.”En materia de ingeniería nuclear, el único país de América Latina que tiene capacidades autónomas y completas es Argentina”, afirma el especialista. Esto le otorga al ecosistema local un respeto internacional consolidado durante décadas.
Sin embargo, el exfuncionario advierte que el talento humano ya no es suficiente si no se reforma el modelo económico del sector. La falta de un marco que atraiga inversión de riesgo limita la velocidad de los desarrollos nacionales.”Tenemos la capacidad de ser diseñadores de reactores y correr la carrera global, pero eso solo ocurrirá si aceptamos la llegada del capital privado”, sostiene Gadano.
El proyecto CAREM representó un hito nacional, ¿cuál es su estado real actualmente?
El CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) es un reactor de potencia autogenerado de tipo LWR (reactor de agua liviana) que utiliza uranio enriquecido como combustible y agua liviana como refrigerante y moderador. Su rasgo de ingeniería más destacado es el circuito primario integrado, lo que significa que el núcleo, los generadores de vapor y el sistema de guiado de las barras de control se alojan dentro de una única y masiva vasija de presión de acero.
Esta disposición compacta elimina la necesidad de grandes tuberías de interconexión externa, erradicando por diseño el riesgo de accidentes por pérdida de refrigerante.
Aquí es donde Gadano introduce una aclaración técnica fundamental que rompe con el relato tradicional del sector. Para el experto, existe un error conceptual al masificar el CAREM dentro de la nueva ola de reactores modulares.”El CAREM es un prototipo no comercial cuyo objetivo siempre fue construir conocimiento”, explica de forma directa. Se trata de un diseño que nació hace 40 años bajo otra concepción tecnológica. La diferencia radica en el método de construcción. Mientras que un SMR se fabrica en serie dentro de una planta centralizada y se exporta , el CAREM requiere una monumental obra civil en su sitio de emplazamiento.”Si uno va a Lima, el centro en Provincia de Buenos Aires donde se sitúa el CAREM, lo que ve es una cantidad descomunal de concreto y hormigón. Los SMR modernos prácticamente no tienen obra civil”, detalla el exsubsecretario sobre la infraestructura del proyecto.
¿Qué diferencias técnicas separan al CAREM de un proyecto exitoso como el reactor RA-10?
El RA-10 es un reactor multipropósito de investigación y producción de radioisótopos diseñado íntegramente en Argentina por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) e INVAP. A diferencia de los reactores de potencia comerciales, es una instalación de tipo “piscina abierta” y no presurizada que opera a baja temperatura y presión, utilizando uranio de bajo enriquecimiento como combustible y agua pesada como reflector.
El reactor es una fuente del isótopo Molibdeno-99 ,clave para la medicina nuclear, y además ofrece servicios avanzados de dopado de silicio para la industria de semiconductores de alta potencia, y disponer de haces de neutrones para la investigación de vanguardia en ciencia de materiales mediante el Laboratorio Argentino de Haces de Neutrones.
El panorama cambia drásticamente al analizar el RA-10, un desarrollo que Gadano califica como un verdadero hito nacional. Sin embargo, recuerda que cumple una función completamente distinta a los reactores de potencia.”El RA-10 es un proyecto sumamente exitoso, pero es un reactor de investigación, no sirve para generar energía eléctrica”, aclara el especialista para evitar confusiones en la audiencia.
La distinción técnica no es menor, ya que un reactor comercial de potencia opera bajo niveles extremos de presión y temperatura. El RA-10, en cambio, es un sistema abierto y no presurizado donde INVAP ha demostrado un liderazgo global de exportación.”La tecnología de potencia está un piso por arriba de la de investigación. Argentina maneja de forma excelente los reactores abiertos, pero aún no diseñó un reactor de potencia comercial completo”, concluye.
Ante la crisis de financiamiento, ¿cuál es la viabilidad de construir una cuarta central como Atucha III?
Para Gadano, el modelo de las megacentrales financiadas por el Estado o mediante complejos préstamos bilaterales está agotado. Por este motivo, el histórico proyecto de construir Atucha III con financiamiento chino carece de futuro.
“El proyecto de la central Atucha III está prácticamente muerto y está bien que así sea”, sentencia con firmeza. Una obra de esa magnitud requiere un desembolso estimado en USD$ 15.000 millones de dólares.Semejante costo financiero obligaría al Estado a cobrar una tarifa eléctrica tres veces más alta que el promedio del mercado actual. El futuro de la tecnología nuclear en Argentina no pasa por contratos multimillonarios, sino por reactores más pequeños y eficientes.”El nuevo paradigma mira a industrias como la aviación. El objetivo de la política actual debe ser privatizar lo comercial, reformar los presupuestos de CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) y permitir que los SMR se financien con capital de riesgo”, finaliza Gadano.
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