Científicos argentinos ayudaron a reconstruir a uno de los perezosos gigantes más grandes de Sudamérica

Fotografía del investigador del CONICET François Pujos, junto a ejemplares de perezosos gigantes de Brasil.

Fotografía del investigador del CONICET François Pujos, junto a ejemplares de perezosos gigantes de Brasil. Crédito: CONICET.

Investigadores del CONICET participaron en un estudio internacional que permitió describir con detalle a Ocnotherium giganteum, una especie del Pleistoceno tardío que durante casi 200 años solo se conocía por tres dientes aislados. El trabajo incluyó tomografías, modelos 3D y el análisis de un esqueleto casi completo de un perezoso que pudo pesar cerca de dos toneladas.

Fotografía del paleontólogo Castor Cartelle, curador del Museo de Historia Natural de Minas Gerais, descubridor de los nuevos restos de Ocnotherium giganteum, durante su estudio. Crédito: CONICET.

Durante casi dos siglos, Ocnotherium giganteum fue una incógnita para la paleontología sudamericana. La especie había sido identificada a partir de tres dientes aislados, una evidencia mínima para entender cómo era este animal y qué lugar ocupaba dentro de la fauna del continente. Ahora, un equipo internacional con participación argentina logró reconstruir gran parte de esa historia.

El estudio fue coliderado por François Pujos, investigador del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, junto con el paleontólogo brasileño Cástor Cartelle, del Museo de Historia Natural de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais. También participó Alberto Boscaini, investigador del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires.

La investigación analizó fósiles hallados en grutas de Bahía y Minas Gerais, en Brasil. A partir de ese material, los científicos pudieron reconstruir cerca del 90% del esqueleto de Ocnotherium giganteum, incluido un cráneo casi completo y dos esqueletos parciales. El resultado permitió confirmar que no se trataba de una variante de otros perezosos terrestres ya conocidos, sino de una especie con rasgos propios.

Imagen ilustrativa de cómo podría haber sido el perezoso estudiado por los científicos del CONICET.

La investigación del CONICET sobre el perezoso del Pleistoceno

Ocnotherium giganteum vivió hacia el final del Pleistoceno, una etapa en la que Sudamérica estaba habitada por grandes mamíferos hoy extintos. A diferencia de los perezosos actuales, pequeños y arborícolas, esta especie era un animal de gran tamaño, adaptado a desplazarse sobre el suelo.

Según el estudio, pudo alcanzar una masa cercana a los 2.000 kg. Su cuerpo era robusto, con una anatomía adaptada principalmente a la locomoción cuadrúpeda. Las manos tenían cinco dedos, tres de ellos con garras, mientras que las patas traseras eran especialmente potentes y presentaban pies curvados hacia adentro, un rasgo frecuente en varios perezosos gigantes. Los investigadores también señalan que podía adoptar una postura bípeda en ciertas situaciones. Además, su piel estaba reforzada por osteodermos, pequeñas piezas óseas ubicadas dentro de la dermis que funcionaban como protección.

Uno de los puntos más importantes del trabajo fue el uso de tomografías y reconstrucciones digitales en tres dimensiones, que permitieron analizar el interior del cráneo sin dañar los fósiles originales. A partir de esas imágenes, el equipo reconstruyó estructuras internas como el oído, la cavidad cerebral, y los senos paranasales. Esa información permite inferir aspectos de la paleobiología del animal: cómo pudo haber percibido su entorno y qué sentidos tenía más desarrollados.

El análisis mostró bulbos olfatorios grandes, lo que sugiere que el perezoso tenía un olfato importante para buscar alimento, detectar amenazas o reconocer otros individuos. También se observó una marcada neumatización del cráneo, es decir, cavidades internas llenas de aire, que ayudan a reducir el peso de la cabeza y facilitar sus movimientos.

Reconstrucción tridimensional del cráneo de Ocnotherium giganteum, mostrando los senos paranasales (en rojo) y el oído interno (en verde). Crédito: CONICET.

Una pieza clave para entender la megafauna sudamericana

El hallazgo es importante porque aporta información sobre la etapa previa a la desaparición de la megafauna sudamericana, ocurrida hacia el final del Pleistoceno. En ese proceso se extinguieron numerosos grandes mamíferos que habían ocupado distintos ambientes de la región durante miles de años.

El estudio también menciona una posible interacción entre Ocnotherium giganteum y grupos humanos tempranos. Un húmero en análisis presenta marcas compatibles con actividad antrópica, posiblemente vinculadas al descuartizamiento del animal. Todavía no se puede determinar si fue cazado o aprovechado como carroña, pero la evidencia suma información al debate sobre la relación entre los primeros humanos y la extinción de estos grandes mamíferos.

Además, la participación del CONICET muestra el peso de la paleontología argentina en el estudio de la megafauna regional y refleja el valor de la cooperación científica sudamericana.

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