El nuevo recorte de más de $4.400 millones a la CONAE vuelve a poner bajo presión al programa espacial argentino. La medida se suma a un cuadro institucional delicado: desde la salida del ingeniero Raúl Kulichevsky, la conducción del organismo quedó en manos de un Directorio encabezado por Manuel Adorni, una figura política sin formación técnica en el sector espacial.
El Gobierno Nacional aplicó un nuevo recorte sobre el presupuesto de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la agencia espacial argentina. La medida fue publicada en el Boletín Oficial y reduce en más de $4.400 millones los créditos disponibles para el organismo encargado de sostener el programa espacial nacional.
Así, la CONAE tendrá una baja total de $4.409.927.685. El ajuste se divide en $156.096.923 menos para gastos corrientes y $4.253.830.762 menos para gastos de capital. Este último punto es el más sensible, porque los gastos de capital están vinculados con inversión, infraestructura y ejecución de proyectos tecnológicos.
El recorte llega en un momento delicado para el organismo. En enero de 2026, Raúl Kulichevsky renunció a su cargo de director ejecutivo y técnico de la agencia espacial argentina, y su salida dejó atrás una conducción con perfil directamente vinculado al área espacial. Kulichevsky es ingeniero aeronáutico, magíster en Ciencia y Tecnología de Materiales, tiene experiencia en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), fue responsable técnico de la CONAE durante años y tuvo participación en una etapa clave del programa satelital argentino, incluida la continuidad de misiones como SAOCOM.
Desde entonces, la conducción superior de la agencia quedó organizada bajo un Directorio encabezado por Manuel Adorni en su rol de jefe de Gabinete de Ministros, que además de no venir del campo de la ingeniería ni la gestión técnica espacial, está siendo actualmente investigado por presunto enriquecimiento ilícito.
El futuro incierto del sector espacial nacional
La CONAE es la responsable de articular las misiones satelitales, las estaciones terrenas, las aplicaciones de información espacial, y la infraestructura de ensayos y desarrollos tecnológicos de largo plazo. Ese tipo de organismo necesita tres cosas al mismo tiempo: conducción técnica, continuidad institucional y presupuesto. Hoy, las tres aparecen debilitadas.
La situación expone un retroceso estructural sin precedentes. Argentina pasó de fabricar, integrar y operar satélites propios de alta complejidad a enfrentar dudas sobre la continuidad de todos los proyectos actualmente en desarrollo. El país sostiene iniciativas como los nuevos satélites SABIA-Mar y ARSAT-SG1, y el cohete Tronador II. Sin presupuesto ni una conducción técnica clara al frente, lo más probable es que los proyectos se demoren o se paralicen por completo. De hecho, en diciembre de 2025 trabajadores y medios especializados afirmaron que el Proyecto Tronador, que venía apenas sobreviviendo, se había detenido por completo.
El Boletín Oficial no indica qué proyecto concreto se verá afectado por el recorte. Sin embargo, sí confirma que la agencia espacial argentina tendrá menos recursos justo cuando necesita sostener los desarrollos en curso, preservar sus equipos especializados y garantizar continuidad en un sector estratégico.
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