La NASA selecciona el Falcon Heavy para lanzar el rover de la ESA “Rosalind Franklin” a Marte luego de la ruptura europea con Rusia

Modelo de ingeniería del rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea (ESA).

La NASA oficializó la elección del cohete Falcon Heavy para lanzar el rover europeo Rosalind Franklin, que viajará a Marte en busca de rastros de vida. La misión despegará desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida, hacia fines de 2028. Esta decisión se tomó luego de que la misión original de la Agencia Espacial Europea (ESA) quedara paralizada y sin transporte tras romper relaciones con Rusia debido a la guerra en Ucrania. Con este nuevo acuerdo, Estados Unidos y Europa reencauzan un proyecto científico internacional que había quedado al borde del colapso por la pérdida de componentes clave y del sistema de lanzamiento original, aunque en medio de un panorama complejo por propuestas de recortes presupuestarios en Washington que amenazan su financiamiento a largo plazo.

La misión Rosalind Franklin es una de las apuestas más ambiciosas de la Agencia Espacial Europea (ESA) por la ciencia planetaria y la exploración interplanetaria.

La participación de la NASA se formalizó bajo el proyecto denominado ROSA (Rosalind Franklin Support and Augmentation), una iniciativa diseñada específicamente para sustituir los componentes clave que Rusia debía entregar antes del conflicto bélico. Originalmente, el rover iba a viajar en un cohete Proton y utilizaría un sistema de aterrizaje ruso, pero tras la ruptura diplomática en 2022 por la invasión rusa a Ucrania, Europa se encontró con un vehículo de exploración terminado pero sin medios para llegar a su destino. A eso se sumó una historia previa de demoras por problemas con los paracaídas y por el impacto de la pandemia en la cadena de suministro. Ante ese vacío técnico, la NASA decidió intervenir no solo con el transporte, sino también con componentes tecnológicos esenciales para la supervivencia del vehículo en el entorno marciano.

Más allá del Falcon Heavy, cómo aporta la NASA a la misión del Rosalind Franklin

La contribución de la NASA en la misión es vital porque proporcionará los motores de frenado para el descenso en Marte y unidades de calefacción por radioisótopos (RHU). Estas unidades utilizan el calor generado por la desintegración radiactiva para evitar que los instrumentos del rover se congelen durante las gélidas noches del planeta. Además, el aporte estadounidense incluye electrónica especializada y un espectrómetro de masas de última generación para el instrumento MOMA, que analizará moléculas orgánicas en muestras recogidas en Oxia Planum, el sitio elegido para el aterrizaje. Aunque la participación de Washington es decisiva, la misión sigue siendo liderada por la ESA, que mantiene la responsabilidad sobre la nave, la plataforma de aterrizaje, el rover y las operaciones de superficie.

Por su parte, el contrato de lanzamiento con SpaceX fue adjudicado por la NASA dentro de su programa Launch Services II, asegurando el uso de un Falcon Heavy para una misión de espacio profundo que requiere alta energía de salida. De esta forma, EE.UU. y Europa buscan garantizar que el rover cuente con la capacidad necesaria para iniciar su viaje interplanetario tras años de retrasos y redefiniciones técnicas.

Componentes e instrumentos del rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea (ESA).

La apuesta por la búsqueda de vida marciana de Europa

La misión Rosalind Franklin es una de las apuestas más ambiciosas de la Agencia Espacial Europea por la ciencia planetaria y la exploración interplanetaria. Si la misión se concreta, será el primer rover en intentar detectar señales de vida pasada o incluso presente bajo la superficie marciana. Para ello, utilizará un taladro capaz de perforar hasta dos metros de profundidad, más que cualquier otro vehículo enviado hasta ahora al planeta rojo. Allí analizará muestras mejor preservadas frente a la radiación y las temperaturas extremas de la superficie.

A pesar de su importancia científica, el futuro del proyecto todavía está atado a la discusión presupuestaria en Estados Unidos. La Casa Blanca propuso para el año fiscal 2027 un recorte de US$ 5.600 millones al presupuesto total de la NASA, incluyendo una reducción de US$ 3.400 millones en el área científica. Por eso, más que una cancelación definida, se trata por ahora de una amenaza presupuestaria que todavía debe atravesar el debate en el Congreso.

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