Estados Unidos publicó la nueva política nuclear espacial NSTM-3, como parte de una estrategia tecnológica mas amplia con la que busca conquistar la Luna y llegar a Marte. Estos lineamientos ordenan a la NASA, al Departamento de Defensa del Pentágono y al Departamento de Energía desarrollar sistemas de energía nuclear espacial que podrían lanzarse tan pronto como en 2028. Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca (OSTP), anunció esta hoja de ruta durante el 41.º Simposio Espacial. Esta normativa establece los pasos legales y técnicos para desplegar reactores de fisión tanto en órbita como en la superficie lunar.
Para que esta política sea efectiva, se ha establecido una estructura de cooperación obligatoria entre múltiples agencias gubernamentales. El Departamento de Defensa presentará un informe sobre posibles cargas útiles en 90 días, mientras que el Departamento de Energía evaluará la base industrial nuclear en un plazo de 60 días. Además de esto, el Pentágono apoyará financieramente los esfuerzos iniciales de la NASA antes de lanzar sus propios concursos de adquisición.
Propulsión nuclear con objetivo la Luna y Marte
La NASA debe iniciar en un plazo de 30 días el desarrollo de un reactor de potencia media capaz de generar al menos 20 kilovatios. Además, se solicita la creación de variantes de baja potencia, de aproximadamente un kilovatio, si esto reduce los riesgos de costes y plazos de entrega. Por lo tanto, el objetivo final es escalar estas tecnologías hasta alcanzar sistemas de 100 kilovatios o más para la década de 2030.
Este despliegue es fundamental para la infraestructura espacial. La energía nuclear proporcionará electricidad, calefacción y propulsión sostenida en entornos donde la energía solar es insuficiente o inexistente. En consecuencia, estas capacidades son esenciales para establecer una presencia robótica y humana permanente en la Luna y, eventualmente, en Marte.
La prueba de fuego: el SR-1 Freedom
La NASA ya ha dado los primeros pasos con la misión del Reactor Espacial SR-1 Freedom. El SR-1 Freedom utilizará un sistema de propulsión eléctrica desarrollado originalmente para la estación Gateway para demostrar la viabilidad de la tecnología en vuelo. Jared Isaacman, administrador de la NASA, señaló que esta misión activará la base industrial necesaria para futuros sistemas de propulsión de larga duración.
El sistema SR-1 no sólo validará la propulsión eléctrica nuclear (NEP), sino que servirá como banco de pruebas para la gestión térmica en misiones de larga duración, utilizando un núcleo de fisión de uranio de bajo enriquecimiento y alto ensayo (HALEU). Esta elección de combustible permite un diseño de reactor más compacto y eficiente en comparación con el uranio enriquecido convencional, optimizando la densidad de potencia necesaria para alcanzar los 20 kilovatios exigidos por la nueva normativa.
Asimismo, el sistema asegura que pueda mantener el soporte vital y las comunicaciones incluso en condiciones de sombra lunar prolongada, sentando el precedente tecnológico para los reactores de alta potencia previstos para la década de 2030.
Estados Unidos continúa con su plan de superioridad espacial
La nueva directiva pretende revertir décadas de proyectos que no lograron superar la fase de laboratorio. Históricamente, se han invertido más de US$ 20 mil millones en energía nuclear espacial sin alcanzar hitos de vuelo operativos. Sin embargo, la actual administración prioriza soluciones prácticas sobre la perfección teórica para acelerar la competitividad estadounidense.
El establecimiento de precedentes regulatorios y de lanzamiento será el legado principal de estos primeros reactores. Además, la claridad en la política de propulsión nuclear es vista como una pieza clave para asegurar la superioridad estratégica más allá de la órbita terrestre. Las proyecciones indican que los primeros reactores de alta potencia estarán listos para misiones críticas en la próxima década.
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