Un suboficial de la Fuerza Espacial de EE.UU. advirtió que la guerra electrónica constituye una amenaza cada vez más seria para los sistemas espaciales. La alerta provino de Ron Lerch, asesor principal en inteligencia del organismo, durante una presentación realizada el 23 de marzo en el evento Satellite 2026. Su exposición se centró en las capacidades que podrían usarse para degradar o interrumpir constelaciones de satélites en órbita baja, una infraestructura fundamental para comunicaciones, observación y servicios estratégicos.

Lerch puso el foco en las tecnologías que no necesariamente destruyen un satélite, pero sí pueden dejarlo temporalmente fuera de servicio o reducir su utilidad. Entre ellas mencionó los sistemas de microondas de alta potencia basados en tierra y las técnicas de interferencia electromagnética. El contexto de esa preocupación es que a medida que se multiplican las constelaciones satelitales también crecen los incentivos para desarrollar formas más baratas de afectarlas.
Amenazas contra satélites: microondas e interferencia
Uno de los ejemplos citados fue un trabajo de investigación chino que describió un sistema terrestre de microondas de alta potencia pensado para apuntar contra satélites. Lerch sostuvo que resulta difícil imaginar una aplicación comercial para una tecnología de ese tipo. A diferencia de un misil antisatélite de ascenso directo, que destruye físicamente un blanco y puede costar millones de dólares, un sistema de energía dirigida permitiría atacar varias veces una constelación extensa en órbita baja y provocar el nivel de degradación buscado sin necesidad de derribar cada nave.
La presentación también incluyó otra amenaza, la interferencia deliberada de señales, más cercana al terreno de las telecomunicaciones. Lerch señaló que investigadores chinos publicaron durante 2025 estudios sobre cómo bloquear servicios satelitales en órbita baja mediante drones. La lógica sería desplegar vehículos aéreos no tripulados sobre una zona específica para saturar el entorno con ruido electromagnético. En ese caso, explicó, no importaría demasiado qué empresa presta el servicio ni cuántos satélites tenga la red, porque el usuario en tierra igual perdería acceso a los datos.
China gana peso contra EE.UU., mientras Rusia queda más relegada
Además de esas capacidades, el oficial mostró la imagen de un satélite chino con “rasgos de sigilo”, una característica asociada al ámbito militar en la que los ejemplares presentan formas y materiales para reducir su firma radar, y medidas para reducir su firma óptica o infrarroja. Según la Fuerza Espacial, esos desarrollos se suman a un panorama en el que China aparece como el principal competidor de Estados Unidos en el espacio. Rusia, según Lerch, sigue siendo una amenaza relevante, pero hoy corre detrás de Beijing, en parte porque debió reorientar parte de su base industrial de defensa para sostener sus campañas militares en Crimea y Ucrania.
Hacia fines de 2025, China contaba con unos 1.300 satélites activos, distribuidos entre comunicaciones, navegación, observación terrestre, monitoreo ambiental, pruebas tecnológicas y otras misiones. Rusia, en cambio, operaba poco más de 340. Esa brecha, además, refleja la velocidad con la que Beijing amplía su presencia orbital y consolida capacidades civiles, comerciales y militares de manera simultánea.
Lerch también retomó la posibilidad de que Rusia estuviera explorando una capacidad para emplazar un arma nuclear en órbita, una preocupación que viene desde 2024. Según advirtió, una detonación de ese tipo podría afectar de inmediato al menos a un tercio de los satélites existentes. El daño dependería del blindaje y de la resistencia de cada plataforma frente a la radiación, pero el efecto sería rápido, masivo e indiscriminado.
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