La NASA presentó una nueva batería de iniciativas para ejecutar la política espacial de la administración de Donald Trump, con un programa que combina una base lunar por fases, una mayor cadencia de misiones tripuladas a la Luna, una reformulación de la arquitectura en órbita baja y el lanzamiento de la primera nave interplanetaria de propulsión nuclear antes de fines de 2028. El anuncio se realizó durante el evento Ignition, donde la agencia ordenó en un mismo paquete sus prioridades para los próximos años.

El eje más fuerte del plan pasa por la Luna. La agencia confirmó que mantendrá la arquitectura actualizada de Artemis, con una misión adicional en 2027 y al menos un alunizaje de superficie por año a partir de entonces. En ese esquema, Artemis III, prevista para 2027, quedará enfocada en probar sistemas integrados y capacidades operativas en órbita terrestre antes del alunizaje de Artemis IV. Más adelante, la NASA buscará incorporar hardware reutilizable y adquirido comercialmente para aumentar la frecuencia de las misiones tripuladas a la superficie lunar, con el objetivo inicial de alcanzar aterrizajes cada seis meses.
En paralelo, la agencia formalizó su enfoque para construir una base lunar permanente en tres etapas. La primera fase estará centrada en acumular experiencia operativa mediante entregas de carga, rovers, instrumentos y demostraciones tecnológicas que permitan mejorar movilidad, energía, comunicaciones, navegación y trabajos en superficie. La segunda apuntará a establecer una infraestructura temprana, ya con componentes semihabitables, logística regular y aportes internacionales para sostener operaciones recurrentes de astronautas. La tercera fase buscará habilitar una presencia humana de larga duración, ya con sistemas capaces de llevar infraestructura más pesada y convertir las expediciones periódicas en una presencia continua sobre la Luna.
Dentro de esa reorganización, la NASA también anunció que pondrá en pausa a Gateway en su formato actual para concentrarse en infraestructura orientada a operaciones sostenidas en superficie. Al mismo tiempo, aclaró que parte del hardware ya desarrollado podrá ser reutilizado y que mantendrá contribuciones internacionales para apoyar la nueva arquitectura. Entre los aportes externos mencionados figuran el rover presurizado de JAXA, hábitats multipropósito de la ASI italiana y un vehículo utilitario lunar de la CSA canadiense.
Otro de los puntos centrales del anuncio fue la aceleración de la actividad robótica sobre la superficie lunar. La NASA prevé una cadencia de hasta 30 alunizajes robóticos a partir de 2027 mediante el programa CLPS, con nuevas oportunidades para cargas científicas y tecnológicas de empresas, universidades, estudiantes y socios internacionales. Entre los próximos envíos figuran el rover VIPER y la misión LuSEE-Night, mientras que la agencia abrirá nuevas convocatorias para instrumentos y experimentos con destino tanto a la Luna como a futuras misiones a Marte.
En órbita baja, la NASA también redefinió su estrategia. Si bien reafirmó el valor de la Estación Espacial Internacional, reconoció que la transición hacia estaciones comerciales no puede quedar librada a una única fórmula de mercado. Por eso propuso una alternativa basada en un módulo central de propiedad gubernamental acoplado inicialmente a la estación, seguido por módulos comerciales que se validarían usando la infraestructura existente y luego podrían separarse para operar en vuelo libre. El objetivo es evitar una brecha en la presencia tripulada estadounidense en órbita baja y, al mismo tiempo, madurar un ecosistema comercial más robusto.
La otra novedad de mayor peso estratégico pasa por la propulsión nuclear. La agencia informó que lanzará antes de fines de 2028 la Space Reactor-1 Freedom, definida como la primera nave interplanetaria propulsada por energía nuclear. El objetivo será demostrar capacidades de propulsión eléctrica nuclear en espacio profundo y abrir el camino para futuras misiones de gran potencia más allá de Júpiter, donde los paneles solares dejan de ser eficientes. Una vez en Marte, la nave desplegará la carga útil Skyfall, compuesta por helicópteros de clase Ingenuity para continuar explorando la superficie del planeta rojo.
En el plano científico, la NASA ratificó además varios hitos ya en preparación. Entre ellos figuran el lanzamiento del telescopio Nancy Grace Roman tan pronto como este otoño boreal, la misión Dragonfly a Titán en 2028, el envío en 2028 del rover europeo Rosalind Franklin a Marte con participación estadounidense y una nueva misión de ciencias de la Tierra que buscará mejorar la predicción de tormentas severas con hasta seis horas de anticipación.
Junto con los anuncios técnicos, la agencia también comunicó cambios estructurales en su funcionamiento interno. La NASA avanzará en la reconversión de miles de puestos de contratistas a servicio civil, ampliará programas para jóvenes profesionales y buscará insertar expertos propios en toda la cadena industrial, desde contratistas principales hasta componentes críticos, con la idea de acelerar producción, resolver cuellos de botella y alinear a toda la organización detrás de objetivos concretos.
Con este paquete, la NASA no solo reordena su planificación de corto y mediano plazo, sino que define una hoja de ruta más agresiva para competir en la nueva etapa de la carrera espacial: presencia sostenida en la Luna, transición controlada en órbita baja y una apuesta explícita por la energía nuclear como habilitador para la exploración de espacio profundo.
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