El 28 de mayo de 2025, un equipo internacional de astrónomos publicó en Nature el hallazgo de un objeto que podría obligarnos a reescribir parte de la física de las estrellas compactas. Se llama ASKAP J1832−0911 y, desde su descubrimiento, se comporta como algo que no encaja en ningún cajón conocido.
Este objeto emite pulsos de radio extremadamente brillantes cada 44,2 minutos, un ritmo insólitamente lento para los estándares de la astronomía de objetos compactos. Pero eso no es todo: por primera vez en esta clase de fuentes, también se detectó emisión periódica en rayos X, perfectamente sincronizada con los pulsos de radio.
El resultado es tan desconcertante como fascinante. ASKAP J1832−0911 se convirtió así en el primer transitorio de radio de largo período (LPT, por sus siglas en inglés) con emisión confirmada en rayos X. Y con eso llegó una pregunta inevitable:
¿qué es, exactamente, este objeto?
Una señal que no encaja en ninguna categoría conocida
ASKAP J1832−0911 fue descubierto gracias al radiotelescopio australiano ASKAP (Australian SKA Pathfinder). Desde las primeras observaciones quedó claro que no se trataba de un púlsar convencional. Los púlsares —estrellas de neutrones en rápida rotación— giran varias veces por segundo y producen señales extremadamente regulares. Aquí, en cambio, el intervalo entre pulsos es de más de 40 minutos, algo imposible de explicar con los modelos clásicos.
A esta rareza se suma otro dato clave: la fuente alcanza intensidades en radio de hasta 20 jansky, un valor muy alto, acompañado por un fuerte grado de polarización. Esta combinación apunta a la presencia de campos magnéticos extremadamente intensos, una característica típica de objetos compactos y muy energéticos.
Las observaciones indican además que se trata de un objeto más pequeño que una estrella como el Sol, lo que refuerza la idea de que estamos viendo un remanente estelar: una estrella de neutrones, una enana blanca o, con menor probabilidad, un sistema asociado a un agujero negro. Hasta aquí, el escenario era exótico, pero todavía se mantenía dentro de lo imaginable.
La detección en rayos X que lo cambia todo
El panorama dio un giro inesperado el 14 de febrero de 2024, cuando el observatorio espacial Chandra apuntó a un remanente de supernova cercano. Tras más de cinco horas de exposición, los astrónomos detectaron una fuente puntual de rayos X no catalogada previamente, que pulsaba con exactamente la misma periodicidad que ASKAP J1832−0911. Era la primera vez que un LPT mostraba emisión en rayos X.
Este hallazgo fue crucial: los rayos X indican procesos físicos mucho más energéticos y restringen severamente los modelos posibles. Sin embargo, la sorpresa no terminó allí. En observaciones posteriores, la fuente ya no estaba presente en rayos X. Esa variabilidad —encenderse y apagarse— complica aún más la interpretación y descarta varias explicaciones simples.
Dos hipótesis plausibles… pero problemáticas
Hoy, los investigadores consideran dos escenarios principales, aunque ninguno logra explicar todos los datos sin tensiones teóricas:
Un magnetar envejecido. Los magnetares son estrellas de neutrones con campos magnéticos extremos, capaces de producir emisiones intensas tanto en radio como en rayos X. Este modelo podría explicar la polarización y la potencia observada, pero presenta un problema serio: los magnetares suelen ser objetos relativamente jóvenes y activos. Mantener este nivel de comportamiento a escalas de tiempo tan largas resulta difícil de justificar.
Una enana blanca altamente magnetizada en un sistema binario. En este caso, la emisión en radio podría originarse mediante un mecanismo de tipo ciclotrón–máser, impulsado por la interacción con una estrella compañera de baja masa. El inconveniente es que nunca se han observado enanas blancas con campos magnéticos tan intensos ni con una luminosidad comparable a la de ASKAP J1832−0911.
Ambas hipótesis podrían funcionar si estamos observando una fase evolutiva extremadamente rara y breve, lo que explicaría por qué estos objetos han pasado desapercibidos hasta ahora.
¿Un objeto único… o el primero de muchos?
ASKAP J1832−0911 no está completamente solo. En los últimos años se han identificado otros LPT, como GLEAM-X J0704−37, ILT J1101+5521 y GPM J1839−10, todos con períodos largos y emisión polarizada que los aleja de los púlsares tradicionales.
Sin embargo, ASKAP J1832−0911 se destaca por dos razones fundamentales: su intensidad extrema y, sobre todo, por ser el único con detección confirmada en rayos X.
Ubicado en la constelación de Scutum, cerca del ecuador celeste, este objeto sería observable desde gran parte del planeta si emitiera luz visible.
Un futuro incierto para un misterio abierto
La breve detección en rayos X abrió una nueva ventana para estudiar estos objetos, pero su seguimiento no está garantizado. Los posibles recortes presupuestarios a misiones como Chandra, XMM-Newton, NuSTAR o XRISM podrían limitar seriamente nuestra capacidad de observar este tipo de fenómenos transitorios.
Si eso ocurre, la astronomía podría estar perdiendo la oportunidad de entender una nueva clase de emisores compactos, justo cuando empezamos a vislumbrar su existencia.
Por ahora, ASKAP J1832−0911 sigue desafiando cualquier clasificación simple. Cada nuevo dato suma información, pero también abre nuevas preguntas sobre cómo se comportan los objetos compactos en los extremos de la física conocida. Entenderlo no solo permitirá explicar esta fuente en particular, sino también redefinir los límites de lo que creemos posible en la evolución estelar.
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