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La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) emitió el “Proyecto de recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial”, orientado a “afrontar de manera responsable los efectos conocidos y desconocidos de la inteligencia artificial en los seres humanos, las sociedades y el medio ambiente y los ecosistemas”.

Este objetivo se propulsa como una cierta “declaración universal” sobre el uso de estos sistemas, promoviendo los principios que debe inspirar esta tecnología y otros temas más polémicos relacionados a ella. 

Según Audrey Azoulay, directora general de la Unesco, “Este texto establece por primera vez un marco normativo mundial para el uso de la inteligencia artificial. Se basa para ello en tres pilares: el respeto de los derechos humanos, el Estado de Derecho y la lucha contra la discriminación”.

El documento cuenta con 30 páginas y se lo describe como un “texto histórico” que se espera que se convierta en una referencia a nivel global para el desarrollo y el ético uso de estas herramientas. 

La Unesco pidió a los Estados miembros que “tomen todas las medidas necesarias para aplicar este marco ético” y que informen a la Organización “sobre sus progresos y prácticas en este ámbito”, ya que los resultados serán analizados. 

La redacción de esta declaración comenzó a principios del 2020 y se compuso por diversos expertos representantes de compañías como Google, Facebook, Microsoft, las Universidades de Stanford y Nueva York, la Academia China de Ciencia y Tecnología, entre otras. 

¿Qué ámbitos de la Tecnología Artificial se pretenden abarcar?

Entre las claves de esta recomendación se encuentran diversos puntos. En principio,aquellos principios que atañen al desarrollo de algunas de las tecnologías más cuestionadas del momento, como los sistemas de reconocimiento facial. 

Sobre este primer punto, se destaca el hecho de que ciertos países la utilizan con un fin de vigilancia masiva o rendición de cuentas sociales, y se fomenta no utilizarlos para tal accionar. 

Las armas autónomas fueron otro objetivo; según la subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la Unesco, Gabriela Ramos, aunque no se hace referencia explícita a los drones de uso militar ni al armamento autónomo letal, “la recomendación establece normas básicas como que las decisiones de vida o muerte no deben ser tomadas por sistemas de inteligencia artificial” 

El documento aborda otras áreas menos extremas, como el efecto potencial de estos sistemas empleados por las plataformas de streaming como Netflix o Spotify, ya que no siempre se lanzan nuevos contenidos de manera “transparente o auditable” y probablemente basan sus decisiones en factores económicos que benefician a las plataformas. 

Un último punto remarca en la protección de la privacidad de las personas que utilizan Inteligencia Artificial, enfocándose en promover un entorno más inclusivo en el sector “responsable de desarrollar estas tecnologías o incluso la reducción del impacto ambiental de estos sistemas”.

También se destaca el hecho de que es trabajo de los gobiernos educar a sus ciudadanos en los derechos digitales que pretende proteger para “empoderarlos y exigirle a las grandes tecnológicas a rendir cuentas”. 

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