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Este miércoles, Australia enumeró diversas áreas tecnológicas “vitales para los intereses del país” y prometió “protegerlas de rivales estratégicos”, en referencia a China y su acceso a las innovaciones australianas a través de la cooperación académica. 

El primer ministro Scott Morrison se mostró preocupado por las “crecientes tensiones con China”, ya que el gigante asiático pareciera estar beneficiándose de los conocimientos tecnológicos australianos a través de los proyectos de investigación conjuntos ya pactados. 

Las declaraciones de Morrison 

En un foro organizado por el Instituto Australiano de Política Estratégica, Morrison declaró que “en la mayoría de los casos, tener mercados diversos que funcionen bien puede satisfacer nuestras necesidades tecnológicas” pero que no debe descuidarse. 

“En algunos casos, para tecnologías críticas, debemos asegurarnos de que podemos acceder y utilizar dichas tecnologías de manera confiable y segura, en los buenos y malos tiempos”, agregó. 

El mandatario también declaró que “Australia está trabajando con países de ideas afines para garantizar que las reglas y normas tecnológicas globales reflejen esos valores” pero que las medidas de protección apuntan a “equilibrar las oportunidades económicas de las tecnologías críticas con sus riesgos de seguridad nacional”. 

Las áreas tecnológicas que Australia quiere proteger

Morrison afirmó que Australia identificó 63 tecnologías sensibles que quiere “proteger de la dominación extranjera”. Entre ellas, se encuentran las comunicaciones 5G, tecnologías cuánticas, inteligencia artificial, imanes avanzados, impresión 3D, drones, vacunas, entre otras. 

Cabe destacar que Canberra ya ha prohibido a china operar ciertas tecnologías. Recientemente, negó a la empresa Huawei operar la red 5G de Australia. 

Se enumeraron otras tecnologías como aquellas que poseen capacidades militares o de doble uso, como materiales sintéticos refractores de luz, criptografía cuántica o comunicaciones láser. 

Para la tecnología cuántica, por ejemplo, Morrison se comprometió a aportar 100 millones de dólares australianos en pos de que la investigación en el sector gane una base en el mercado global.

Entre las medidas de protección a estas áreas, se propuso imponer restricciones a universidades nacionales que realicen investigaciones conjuntas con instituciones extranjeras, o que las tecnologías a exportar estén sujetas a una “gestión de riesgo adicional”. 

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