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China logró un hito en su historia espacial.  Este sábado ha logrado aterrizar su sonda Tianwen-1, según ha informado el portal de noticias estatal Xinhua. Es la primera vez que el país asiático consigue posar un módulo de aterrizaje en un planeta que no es la Tierra. El rover chino despegó de la Tierra hace casi un año, el pasado 23 de julio, y alcanzó la órbita del planeta rojo en febrero. 

La misión Tianwen está formada por tres módulos: el orbitador, que hasta ahora ha girado en torno al planeta rojo, el aterrizador y el Zhurong, el rover que explorará los alrededores y enviará imágenes a la Tierra. Los expertos chinos aspiran a que el vehículo pueda completar al menos 90 soles, o días marcianos (92 días terrestres), antes de dejar de estar operativo.

El nombre Tianwen, que significa “Preguntas al cielo”, proviene de un poema escrito por el antiguo poeta chino Qu Yuan (aproximadamente 340-278 a. C.). El primer explorador de Marte de China se llama Zhurong en honor al dios del fuego en la antigua mitología china, que remite al nombre chino del planeta rojo: Huoxing (el planeta del fuego).

La nave entró en la órbita de Marte en febrero después de un viaje de casi siete meses en el espacio, y estuvo más de dos meses investigando potenciales lugares de aterrizaje.

En las primeras horas del sábado, la nave espacial comenzó a descender de su órbita de estacionamiento, y la cápsula de entrada que contenía el módulo de aterrizaje y el explorador se separó del orbitador aproximadamente a las 4:00 horas.

Después de volar durante aproximadamente tres horas, la cápsula de entrada se precipitó hacia el planeta rojo y entró en la atmósfera de Marte a una altitud de 125 kilómetros, iniciando la fase más riesgosa de toda la misión.

Primero, la forma aerodinámica especialmente diseñada de la cápsula de entrada se desaceleró con la fricción de la atmósfera marciana. Cuando la velocidad de la nave espacial se redujo de 4,8 kilómetros por segundo a unos 460 metros por segundo, se desplegó un enorme paracaídas que cubría un área de unos 200 metros cuadrados para seguir reduciendo la velocidad a menos de 100 metros por segundo.

El paracaídas y el escudo exterior de la nave espacial fueron descartados, exponiendo el módulo de aterrizaje y el explorador, y el retrocohete del módulo de aterrizaje se activó para reducir aún más la velocidad de la nave a casi cero.

Aproximadamente a 100 metros sobre la superficie marciana, la nave se mantuvo suspendida para identificar obstáculos y midió las pendientes de la superficie. Evitando los obstáculos, seleccionó un área relativamente plana y descendió lentamente, aterrizando de manera segura con sus cuatro patas amortiguadoras.

El descenso de la nave a través de la atmósfera marciana, que duró unos nueve minutos, fue extremadamente complicado sin control terrestre y tuvo que ser dirigido por la nave espacial de forma autónoma, explicó Geng Yan, funcionario del Centro de Programa Espacial y Exploración Lunar de la CNSA.

“Cada paso tenía una sola oportunidad y las acciones estaban estrechamente vinculadas. Si hubiera habido alguna falla, el aterrizaje habría fallado”, afirmó Geng

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